ESPMEXENGBRAIND

5 Abr 2025
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5 Abr 2025
Tambos - Guido Farina cuenta cómo se trabaja en el establecimiento "Carmen" que Adecoagro tiene en Christophersen, departamento General López. El picado y el silaje de calidad en el corazón de todo el sistema.

Guido Farina es ingeniero agrónomo y trabaja en Adecoagro hace quince años. Hoy está al frente del área de alimentación en el establecimiento “Carmen”, en Christophersen, departamento Genera López, donde la empresa tiene cuatro tambos de alta eficiencia -con unas 14.600 vacas en ordeñe, además de recrías y guacheras-. En la última edición de Experiencia Forrajera organizada por CLAAS Argentina contó al detalle cómo trabaja su área, que representa el 50% de los costos de la explotación, y donde la precisión se ha vuelto clave para controlar la nutrición de los animales.

El ciclo es completo y va desde la siembra de los forrajes hasta la llegada de la comida a las vacas. En este esquema, las nueve picadoras JAGUAR de CLAAS con las que les prestan servicio, son grandes aliadas. Con mucho énfasis en la planificación, utilizan a full los datos que les ofrecen las máquinas y trabajan para maximizar la participación de forrajes de alta calidad en la formulación de la dieta, lo que trae como resultado menores costos y mejor respuesta de todo el sistema.

“Al formular las dietas se nos genera cada año un requerimiento de forrajes muy desafiante que cumplimos con distintos cultivos: unas 500 hectáreas de alfalfa para silo, 1.500 hectáreas de gramíneas en general (cada una con la mejor calidad de fibra: avena, raigrás y trigo) y 5.000 hectáreas de maíz que picamos”, detalló Farina. La fermentación posterior de los silos es lo que les permite asegurar una de sus principales necesidades dentro de la dieta: la consistencia. Para él, “es el ingrediente que más les gusta a las vacas y nos obliga a trabajar para tener dietas iguales o muy similares todos los días del año, sin cambios bruscos”. ¿Cómo? Con un stock muy seguro en cuanto a cantidades.

El maíz, un protagonista 

Todo ese proceso está además atravesado por la elección de híbridos de maíz que tienen un mejoramiento especial para la producción de leche, en la búsqueda constante de materiales que se adapten a la altísima producción de granos y de fibras de calidad. “Nuestro objetivo final es que cada hectárea de maíz que cosechamos tenga una fibra con alta digestibilidad, que se corresponda con dietas con mayor proporción de forrajes y que produzcan más leche”, remarcó.

Pero picar 5.000 hectáreas de maíz implica, además de involucrar a un equipo compuesto por varias personas, una planificación de lo más precisa para todo aquello que se dará entre el 15 de enero y el 15 de abril. “Son meses en los que requerimos entre cuatro y cinco contratistas y de 8 a 9 máquinas, definiendo un circuito de lotes para optimizar su trabajo. El personal de alimentación tiene que saber exactamente cómo se moverá el contratista una vez que llegue al campo y cuál será el orden de lotes que debe picar”.

“Todo se rige bajo un parámetro establecido en la línea de trabajo que venimos siguiendo y por la que intentamos tener en cada lote de maíz almidones mayores al 33% y una digestibilidad de FDN (Fibra Detergente Neutro) en 30 horas mayor al 55%. Para lograrlo aprovechamos al máximo la tecnología, de la que no disponíamos hace 15 años”, manifestó.

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