Ser repartidor de leche, ese personaje popularmente conocido como “El lechero”, cada día se ve más amenazado con desaparecer, el producto de marca ha desplazado a la leche bronca, las ventas han disminuido considerablemente y en la actualidad son pocas las personas que se dedican a esta actividad.
Juan Zavala, empezó a vender leche a domicilio hace más de 20 años, en aquellos tiempos todavía era un trabajo próspero, la gente acostumbraba comprar la leche para hervirla, por día Juan vendía entre 80 y 100 litros.
Hoy en día el panorama ha cambiado, un lechero ya no tiene una ruta fija, Juan Zavala, todos los días viene desde una comunidad conocida como La Loma, recorre entre 30 y 40 kilómetros a bordo de su bicicleta cargada con dos recipientes que pesan 45 kilos cada uno, su jornada inicia a las 8 de la mañana y termina por la tarde.
“La gente ya no quiere esta leche, ya no la quiere, la gente se va a lo más cómodo, compra la leche de marca, la leche de cono, hay veces que se vende muy poco, si se venden 40, 50 litros, pues que te queda “.
“Hubo años en los que se vendía mucho, llegue a vender hasta más de 100 litros de leche por día, ahora ya no, la venta más buena es de 70 litros, pero es muy raro, casi siempre es menos y andamos buscándole por todas partes, como voy a la colonia Bellavista, voy a la Brujas, a donde sea con tal de acabar”.
Juan Zavala entregó su juventud a trabajar como lechero y a pesar de que hoy es un trabajo poco redituable, todos los días se integra en el paisaje urbano, visita a los clientes que todavía conserva y recorre las calles con la esperanza de que será una buena jornada.