El cierre de fronteras ruso a un buen número de productos comunitarios en agosto de 2014 (por las sanciones de la UE a Rusia debido al conflicto con Ucrania), así como por la ralentización de las exportaciones a China, generaron un desequilibrio entre oferta y demanda en el mercado lácteo comunitario que sumió a este sector en una fuerte crisis entre los años 2014 y 2016. Para apoyar a los productores se activaron medidas de intervención del mercado y se pusieron en marcha actuaciones excepcionales
En un informe publicado recientemente, el Tribunal de Cuentas Europeo considera que la Comisión respondió con rapidez a la prohibición rusa y, tras calcular el volumen de pérdidas en la exportación de mantequilla, queso y otros productos lácteos, lanzó un primer paquete de ayuda financiera excepcional (al final de 2014) para los productores de los países bálticos y Finlandia, que eran los más afectados. Sin embargo, “tardó más en atender los desequilibrios subyacentes del mercado”.
Bruselas destinó 390 millones de euros a reducir voluntariamente la producción en la UE. “Sin embargo –subraya- debido a unos precios históricamente bajos, muchos productores ya habían reducido su producción de leche antes de que se aplicaran estas medidas”.
La Comisión, añade, no tuvo en cuenta la magnitud de los problemas de liquidez de los ganaderos. Por su parte, “los Estados miembros favorecieron una serie de medidas excepcionales sencillas de ejecutar y optaron por una distribución generalizada de los fondos sin mucha orientación de la ayuda”.