El dulce de leche es mucho más que un alimento emblemático de la mesa argentina. Con un consumo per cápita de entre 3 y 3,5 kilos anuales y una producción nacional estimada entre 130.000 y 150.000 toneladas por año, este producto se consolida hoy como patrimonio cultural, activo productivo y oportunidad estratégica para la cadena láctea.
Más del 55% del volumen total se destina a usos industriales —panadería, alfajores, heladería y chocolatería—, mientras que las exportaciones alcanzan entre 10.000 y 12.000 toneladas anuales, con destinos clave como Brasil, Chile, Estados Unidos, Medio Oriente y la Unión Europea. En ese marco, el dulce de leche dejó de ser solo tradición para convertirse en motor de desarrollo económico y territorial.
La Ruta Universal del Dulce de Leche
Esta revalorización se expresa en iniciativas como la Ruta Universal del Dulce de Leche, un proyecto que articula historia, técnica, producción y experiencias gastronómicas, posicionando al producto como un vector de identidad territorial y turismo gastronómico.
La diversidad de estilos regionales —Misiones, Córdoba, Buenos Aires, Cuyo y Patagonia— potencia su vínculo con ferias, tambos abiertos, catas, maridajes y experiencias sensoriales. Cada territorio construye su propia narrativa cultural alrededor del dulce de leche, fortaleciendo economías locales y atracción turística.
Innovación y valor agregado
Desde el punto de vista tecnológico, el sector exhibe una amplia gama de tipologías productivas: repostero, clásico, heladero, alfajorero, artesanal, versiones reducidas en azúcar y desarrollos funcionales. Esta diversidad abre oportunidades para certificaciones, innovación y posicionamientos diferenciales en mercados gourmet e industriales.
A futuro, uno de los desafíos estratégicos será avanzar hacia un Sello de Origen o una Indicación Geográfica Protegida (IGP) para el dulce de leche argentino, que refuerce su identidad y competitividad global, especialmente en segmentos premium, comercio electrónico y formatos listos para consumir.
Argentina, epicentro mundial
La Argentina es el corazón histórico, cultural y tecnológico del dulce de leche. Lidera en consumo, producción, exportaciones y estandarización industrial, con parámetros de color, textura, pH y Brix que lo convierten en un referente competitivo internacional.
Los motores históricos del mercado han sido el consumo interno, la industria alfajorera y repostera, la exportación y, cada vez más, el turismo gastronómico, que integra al dulce de leche como experiencia cultural.
Un producto con proyección regional y global
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Brasil muestra un consumo urbano en rápido ascenso, impulsado por cafeterías, heladerías y franquicias argentinas.
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Chile, con el manjar como versión local, suma innovación desde la pastelería moderna y la heladería artesanal.
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España vive un auge ligado a la gastronomía latinoamericana, tiendas gourmet y escuelas de cocina.
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Perú incorpora el dulce de leche en clave creativa y de alta cocina, con fuerte potencial premium y exportador.
A nivel global, tendencias como la búsqueda de experiencias sensoriales, la expansión de cafeterías de especialidad, la sostenibilidad y la trazabilidad refuerzan el potencial del dulce de leche argentino como alimento identitario con proyección internacional.
Un gigante silencioso con futuro
Consolidar la Ruta Universal del Dulce de Leche implica tender un puente entre tradición y futuro, rescatando un patrimonio emocional y productivo que fortalece el turismo, la gastronomía y la industria láctea. El dulce de leche ya no es solo un clásico: es un gigante silencioso con identidad global y un mercado en expansión.
Fuente: TodoLechería
Informe elaborado por Hernán Allasia, ingeniero y magíster en Tecnología de Alimentos, asesor de empresas alimenticias
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