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20 Ene 2026
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20 Ene 2026
La firma del acuerdo UE-Mercosur reabre protestas agrarias en Europa y redefine el equilibrio del comercio lácteo internacional.
Acuerdo UE-Mercosur reaviva la disputa global por el campo y los lácteos

La Unión Europea (UE) y el Mercosur firmaron recientemente un Acuerdo de Asociación y un Acuerdo Interino de Comercio que representan un hito histórico en las relaciones económicas birregionales tras más de 25 años de negociaciones. El pacto, rubricado el 17 de enero de 2026 en Asunción (Paraguay), creará una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado conjunto de alrededor de 700 millones de consumidores y una ambiciosa agenda de reducción de aranceles y apertura de mercados.

Este acuerdo —aún pendiente de ratificación por los parlamentos europeos y de los Estados del Mercosur— fue interpretado por algunos sectores como una apuesta geopolítica por el libre comercio y la cooperación multilateral. Según fuentes oficiales de la Comisión Europea, la liberación de aranceles facilitaría un aumento estimado de hasta 39 % en las exportaciones de la UE hacia el Mercosur, con significativas oportunidades para empresas y empleo en ambos lados del Atlántico.

Sin embargo, la firma del tratado ha reavivado tensiones dentro del sector agrario europeo, que considera que la negociación se ha llevado a cabo utilizando al campo como “moneda de cambio” para otros intereses políticos y económicos, sin garantizar plenamente la protección de sectores sensibles.

En distintos países de la Unión Europea, estas preocupaciones se han traducido en movilizaciones y protestas del sector agricultor y ganadero, que temen quedar en desventaja frente a la importación de productos más competitivos desde Sudamérica. En Francia, miles de agricultores organizaron manifestaciones con tractores frente a instituciones europeas, mientras que en otras regiones, como Galicia (España) o el País Vasco, grupos agrarios también han expresado públicamente su rechazo al acuerdo.

Las críticas se concentran en tres puntos principales:

  1. Riesgo de competencia desleal para productores europeos, especialmente en productos agrícolas y ganaderos con altos costos de producción.

  2. Preocupaciones sanitarias y de estándares de producción, con acusaciones de que productos importados puedan operar bajo normas menos estrictas que las vigentes en la UE.

  3. Impactos sociales y económicos locales, como la presión sobre precios internos y la percepción de que el campo europeo no fue debidamente defendido en la negociación.

La oposición al acuerdo también se ve influida por debates ambientales y de sustentabilidad; críticos señalan que la apertura comercial podría incentivar flujos de productos con mayores huellas de carbono y presión sobre la biodiversidad, un punto destacado por organizaciones ecologistas vinculadas al sector.

Pese a estas tensiones, los gobiernos involucrados defienden el tratado como una oportunidad de crecimiento comercial que no sólo reforzará los vínculos entre Europa y América del Sur, sino que también ampliará las opciones de exportación para productores agrarios y agroindustriales en ambos bloques, incluyendo en sectores con potencial de valor agregado como carnes, lácteos, vinos y productos manufacturados.

Para la región del Mercosur —que integra Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— la apertura de un mercado como el europeo supone una ventana estratégica para diversificar destinos de exportación y elevar la competitividad de sus productos. En particular, para cadenas con potencial exportador histórico como la ganadería y la láctea, la eliminación progresiva de aranceles abre posibilidades de crecimiento en segmentos de mayor valor agregado, siempre y cuando se cumplan las exigencias de estándares técnicos y sanitarios impuestos por la UE.

Sin embargo, el acuerdo todavía debe transitar procesos legislativos y de ratificación internos, especialmente en la UE, donde existe un debate intenso sobre si las salvaguardias contempladas son suficientes para proteger a los productores más vulnerables sin dejar de lado los beneficios comerciales y geopolíticos de la apertura.

En el corto y mediano plazo, este acuerdo puede reconfigurar las dinámicas de comercio agrícola y lácteo a nivel global, obligando a las industrias a replantear sus estrategias comerciales, productivas y de acceso a mercados. Para América Latina, en particular, la firma representa un desafío y una oportunidad: ajustar la oferta exportable a los exigentes estándares europeos mientras se aprovechan ventajas arancelarias, incrementando el valor agregado y diversificando canales de comercialización en un entorno altamente competitivo.

Fuente: Agroinformación –
La UE y Mercosur firman el acuerdo que vuelve a sacar al campo a la calle
https://agroinformacion.com/la-ue-y-mercosur-firman-el-acuerdo-que-vuelve-a-sacar-al-campo-a-la-calle-al-ser-utilizado-como-moneda-de-cambio-de-otros-intereses/

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