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21 Ene 2026
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Hasta el 90 % de la leche en el Atlántico circula fuera de canales formales, comprometiendo calidad, precios y competitividad del sector.
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La escasez de leche, provocada por la reducción de la captación formal y el alza de los insumos, ha elevado los precios en el mercado informal.

La producción de leche en el departamento del Atlántico (Colombia) enfrenta una crisis estructural de informalidad que pone en riesgo la sostenibilidad productiva y la cadena de valor láctea. Según denuncias del sector ganadero local, hasta el 90 % de la leche producida no circula por canales formales de comercialización, lo que socava la calidad, la trazabilidad y el desarrollo del mercado lácteo regional.

Este fenómeno, que ha ido creciendo en los últimos años, está relacionado con el colapso de la cooperativa Coolechera, una institución histórica con más de 90 años de actividad que funcionaba como intermediaria clave para más de 850 familias ganaderas. Su debilitamiento dejó un vacío institucional que fue rápidamente ocupado por redes informales de acopio y comercialización, muchas de ellas vinculadas a la producción y venta de productos lácteos —como el queso costeño artesanal— sin controles sanitarios ni estándares de calidad.

La informalidad ha crecido en un contexto de altos costos de producción y escasez de pasturas, lo que ha empujado a muchos pequeños y medianos ganaderos a optar por canales no regulados para poder subsistir. En la práctica, esto significa que la mayor parte de la leche que se produce en el Atlántico no pasa por la industria formal de procesamiento ni por centros de acopio certificados, lo que altera las estadísticas oficiales y debilita la posición de los productores frente a compradores formales.

Esta situación tiene múltiples efectos adversos para el mercado lácteo:

  • Calidad y sanidad comprometidas: La leche y los productos derivados que circulan en mercados informales —como quesos y mantequilla artesanales— no cuentan con los mismos controles de calidad, trazabilidad ni normas sanitarias exigidas en canales formales.

  • Distorsión de precios: Los productores informales pueden vender leche a precios que no reflejan los costos reales de producción, atrayendo compradores que buscan ahorro, pero afectando a quienes sí invierten en calidad y cumplimiento normativo.

  • Pérdida de incentivos para inversión: La falta de mercado formal reduce los incentivos para que los ganaderos adopten tecnologías, mejoras en manejo animal o inversiones en infraestructura, perpetuando bajos niveles de productividad y remuneración.

  • El debilitamiento de la cooperativa también revela una falla en las instituciones de soporte al sector lechero tradicional. Coolechera no solo funcionaba como mecanismo de comercialización; también actuaba como regulador informal de precios y referente económico del pequeño productor, ofreciendo un nivel de estabilidad que hoy se ve erosionado.

    En Barranquilla y otras zonas urbanas del Atlántico, la proliferación de productores informales y queseras artesanales ha generado mercados alternativos donde los consumidores pueden encontrar productos no pasteurizados y sin certificación, alimentando un ciclo que, si bien dinamiza economías locales, no contribuye al fortalecimiento de una industria láctea competitiva y sostenible.

    Este fenómeno no es exclusivo del Atlántico ni de Colombia. En muchas economías emergentes, la informalidad en la cadena de lácteos puede representar una parte significativa del total de la producción, erosionando la base de datos oficiales, reduciendo la capacidad de planificación de políticas públicas y generando riesgos sanitarios y comerciales.

    La informalidad también impacta en la capacidad del sector para acceder a nichos de mercado con altos estándares de calidad, incluyendo programas institucionales de alimentación escolar, comercio minorista formal o exportaciones con requisitos de inocuidad. En ausencia de un marco que incentive la formalización —como acceso a financiamiento, asistencia técnica y mejores condiciones de mercado—, muchos productores continuarán operando al margen de la cadena formal, con efectos negativos sobre la competitividad general.

    Desde la perspectiva del mercado lácteo internacional, la alta proporción de producción que se mueve por fuera del canal formal limita la capacidad de integración de una región a las tendencias globales de calidad, trazabilidad y seguridad alimentaria. Dado que compradores institucionales y consumidores exigentes valoran cada vez más productos con certificaciones y estándares claros, la informalidad representa un obstáculo tanto para el crecimiento interno como para la inserción en mercados externos.

    Para afrontar estos desafíos, sectores ganaderos y autoridades locales están planteando estrategias que incluyen la revitalización de redes cooperativas, la mejora de infraestructura de acopio y procesamiento, y la adopción de normativas que faciliten la transición hacia canales formales de comercialización. Estas acciones, de implementarse con acompañamiento técnico y apoyo estatal, pueden reducir gradualmente la informalidad y fortalecer la posición de los productores del Atlántico en la cadena láctea regional y global.

    Fuente: –
    El 90 % de la leche del Atlántico se mueve en la sombra de la informalidad
    https://www.contextoganadero.com/regiones/el-90-de-la-leche-del-atlantico-se-mueve-en-la-sombra-de-la-informalidad

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