La lechería argentina enfrenta una crisis profunda, pero no por falta de capacidad productiva. Así lo plantea Hernán Alassia, docente y asesor de industrias lácteas, quien sostiene que el problema central del sector es institucional, económico y estratégico, y no técnico.
“La Argentina sabe producir leche, pero no ha decidido qué lugar quiere que ocupe la lechería en su modelo de desarrollo”, resume Alassia, al tiempo que advierte que la actividad debe salir de la lógica de emergencia permanente para construir una estrategia sostenida en el tiempo.
Un diagnóstico sin eufemismos
Según el analista, el productor no es ineficiente, sino vulnerable a la volatilidad; la industria no es especuladora por definición, sino que opera atrapada entre costos internos elevados y mercados externos inestables; y el Estado, lejos de ser neutral, incide también por omisión, ya que la falta de reglas constituye en sí misma una política.
Desde esta mirada, la lechería debe entenderse como un sistema integrado, y no como una suma de eslabones aislados. “No hay industria viable sin productores rentables, ni productores sostenibles sin previsibilidad, reglas estables y decisión política”, remarca.
Lo que hace falta para ordenar el sector
Alassia plantea que la lechería no se ordena con declaraciones, sino con instrumentos concretos, que deben ser garantizados por el Estado:
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Reglas claras y estables
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Mecanismos transparentes de formación de precios
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Contratos con horizonte, en lugar de liquidaciones improvisadas
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Información confiable y compartida
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Previsibilidad económica mínima, que permita producir, invertir y sostener el entramado territorial
A su vez, subraya la necesidad de un enfoque en valor agregado, ya que la Argentina no puede competir únicamente por volumen. “El futuro está en alimentos lácteos con identidad, calidad y origen”, señala.
Lo que no funciona
En su análisis, Alassia enumera prácticas que han demostrado ser ineficaces para ordenar la actividad:
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Pensar la lechería solo como commodity
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Aplicar medidas coyunturales sin continuidad
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Trasladar toda la eficiencia al productor
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Apelar al argumento de que “el mercado ordena”, en un contexto claramente distorsionado
Propuestas con horizonte temporal
El especialista propone una hoja de ruta escalonada:
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Corto plazo: sostener los sistemas productivos viables, con alivio financiero selectivo, señales claras de precio y reglas explícitas.
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Mediano plazo: avanzar hacia una integración real entre productor, industria y territorio; escalar pymes lácteas con tecnología apropiada y profesionalizar la gestión en toda la cadena.
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Largo plazo: concebir la lechería como política de alimentos, promover el arraigo y la formación de jóvenes, y posicionar a la Argentina como proveedor de lácteos con identidad, no solo de leche cruda.
Una oportunidad estratégica
“La lechería argentina no necesita salvatajes. Necesita decisiones coherentes, reglas estables y una visión de país”, concluye Alassia. Cuando la lechería funciona, agrega, funcionan el territorio, el empleo y la industria, lo que convierte al sector no en un problema sectorial, sino en una oportunidad estratégica hoy desaprovechada.
Fuente: TodoLechería
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