ESPMEXENGBRAIND

11 Mar 2026
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11 Mar 2026
Roberto Perracino, titular de Meprolsafe, advierte sobre la crisis estructural que amenaza con reducir drásticamente el número de productores.
Alerta productiva en Santa Fe

La lechería en la provincia de Santa Fe atraviesa un escenario de extrema polarización, donde la crisis de firmas históricas como Lácteos Verónica y Sudamericana Lácteos contrasta con la expansión de grandes jugadores como Adecoagro y Savencia. Roberto Perracino, presidente de Meprolsafe, señaló que mientras algunas industrias sufren las consecuencias de políticas empresariales erráticas, el eslabón primario enfrenta un caos sistémico. La combinación de una pesada mochila financiera, tras tres años de sequía, y el impacto reciente de la plaga de la chicharrita en los cultivos de maíz, ha dejado a los tamberos sin reservas y con escaso margen de maniobra.

El precio actual de la leche cruda apenas cubre los costos operativos diarios, impidiendo a los productores saldar deudas acumuladas de ciclos anteriores. Esta asfixia financiera es particularmente alarmante porque afecta incluso a aquellos establecimientos que operan con altos estándares de eficiencia. Para las empresas proveedoras de servicios e insumos en Argentina, esta situación prefigura una contracción del mercado interno, ya que la falta de previsibilidad en el precio de referencia desincentiva la inversión en infraestructura y tecnología necesaria para la campaña 2026.

En el análisis geográfico del territorio, la proyección para las cuencas santafesinas es preocupante: de los 9,000 tambos activos hoy en el país, se estima que la cifra podría caer a apenas 3,000 en la próxima década si no se modifican las condiciones de comercialización. Esta tendencia a la concentración productiva impacta directamente en el tejido social del interior provincial, donde la desaparición de unidades productivas medianas debilita la logística y el empleo rural. La necesidad de políticas que ordenen la cadena desde la recolección hasta la industria es vista como la única vía para frenar este proceso de desintegración económica.

Hacia el futuro, el desafío para el resto de 2026 será establecer un nuevo estatus quo en la relación comercial entre el campo y la industria que garantice la transparencia y la sostenibilidad del productor. Sin un marco regulatorio que proteja a las empresas que “hacen las cosas bien”, el sector lácteo argentino corre el riesgo de perder su diversidad y resiliencia. La supervivencia de la lechería como motor del desarrollo nacional depende de una reestructuración integral que permita a los tamberos salir del modo supervivencia y recuperar su capacidad de crecimiento genuino.


FUENTE: LT3 (Rosario)

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