El frente común que administraciones, trabajadores y sindicatos crearon semanas atrás ante las intenciones de Danone con su planta de Salas quedó ayer más que patente a las puertas de la fábrica, en una concentración contra el cierre. La plantilla estuvo arropada en todo momento por sus familias y vecinos, la corporación municipal, varios alcaldes del suroccidente y un buen puñado de diputados .
«No somos el problema, solo somos una víctima más de esta empresa que no entiende más allá de un capitalismo feroz. Esto no se trata solo del cierre de una fábrica, sino del motor económico del concejo, que da trabajo a ochenta familias de forma directa y a otras muchas de forma indirecta, mueve la economía en los diferentes sectores y afianza población en un concejo que ve marchar, año tras año, a sus vecinos en búsqueda de oportunidades de trabajo que aquí no tienen», aseguró Daniel del Oso, miembro del comité de empresa de la factoría salense durante una protesta a la que asistieron cientos de personas.
Acompañados de una charanga y de una multitud de niños que sostenían pancartas en las que podía leerse «Dino no dejaría a mi madre sin trabajo» y «Dino no nos abandonaría», en referencia al personaje que ilustra las etiquetas de los productos lácteos de la compañía, los trabajadores simularon el entierro de la mascota y de sus esperanzas y sustento al compás de una marcha fúnebre. «Esto es la gota que colma el vaso. Si alguien no lo remedia, Salas va a formar parte de la España vaciada. Pedimos la llegada de una empresa que apueste de verdad por las personas y por su entorno. Eso hace grande a una empresa», clamó Del Oso, ante el aplauso de los presentes y las lágrimas de algún que otro trabajador escondido tras las pancartas.
La multitud a las puertas de la fábrica coreó la histórica consigna obrera «el pueblo unido jamás será vencido» ante la bandera asturiana que, desde ayer, ondea ya en Salas a media asta.