Después de atravesar, entre el segundo gobierno de Dilma Rousseff y el de Michel Temer, un período que los propios brasileños consideran la peor crisis económica en varias décadas, el PBI de Brasil parece recuperar brío.
En las últimas semanas, en sus informes Focus, elaborado en base a pronósticos de consultoras privadas, el Banco Central de Brasil fue levantando las proyecciones de crecimiento del PBI: 2019 se habría cerrado en torno a 1,2% y para este año se espera 2,3%, con una expansión de 2,2% de la producción industrial y una tasa de inflación de apenas 3,6%, por debajo de la meta oficial del 4 por ciento.
“Brasil creciendo a 2% o más impacta fuerte en la Argentina”, dijo Gustavo Perego, director de la consultora Abeceb. “Cada punto de crecimiento brasileño agrega un 0,25 puntos al PBI argentino; un Brasil creciendo tracciona al sector metalmecánico argentino y a algunas economías regionales”.
En 2019, recapituló Day, las ventas argentinas a Brasil tuvieron una conducta heterogénea. Aumentó la colocación de malta, papas preparadas, trigo, pasta de madera, arroz, porotos y aceitunas, pero cayó la de leche, leche en polvo, peras, manzanas, ajo, aceite de oliva y ciruelas secas.
Pero a la mejora económica se le suma una fuerte sequía, en especial en el Estado de Rio Grande do Sul, desde la segunda quincena de diciembre. Las cosechas de soja, y en especial de maíz están registrando fuertes pérdidas, lo que afectaría y mucho a la producción lechera de ese estado, el más importante del sector en Brasil.
Esto abre una nueva oportunidad para el mercado de leche en polvo, ya que se estima que aumentará fuerte la demanda por la combinación de estos dos factores.
Por Damián Morais
Con información de Infobae y Tardáguila Agromercados