La población china sería de 1.500 millones de habitantes en 2030, y la tierra agrícola disminuye a una tasa asombrosa de 340 kilómetros cuadrados por año. Esto significa que la superficie labrada sería sólo de 0,08 hectáreas por persona en los próximos 10 años, lo que se encuentra 40% por debajo del promedio mundial.
Al mismo tiempo, la demanda china de agroalimentos crecería más de 50% en ese periodo, arrastrada por una clase media con ingresos per cápita comparables a los norteamericanos, que alcanzaría a más de 1.000 millones de personas en esa etapa. Y esta población, que asciende actualmente a 440 millones de integrantes, dispone de una dieta cada vez más variada y sofisticada, y apuesta a la trazabilidad y a la salubridad de los alimentos que consume, prefiriendo las marcas de reputación global.
Esta población de más de 1.500 millones de personas en 10 años tendría un carácter urbano de más de 80% en 2050 (cuando era urbana sólo 20% en 1950: un giro de más de 100% en un siglo).
El cálculo del gobierno chino es que una planta de producción vertical de agroalimentos (VF), completamente automatizada puede incrementar su productividad en frutas y hortalizas entre 10 y 15 veces frente a una planta similar de producción convencional, y esa productividad puede trepar hasta 1.000 veces cuando se utiliza “Inteligencia artificial” y tecnología 5-G.
Las VF son unidades productivas capaces de funcionar en toda China, lo que implica en temperaturas hasta de -55° grados en el norte y el oeste del país. Esto se traduce en que cuando la temperatura promedio afuera es de -12° grados centígrados, adentro, en las VF, asciende a +17° grados centígrados.