ESPMEXENGBRAIND

5 Abr 2025
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5 Abr 2025
La metáfora de la lechería argentina y sus vaivenes con la política.

Si peinás canas, como quien escribe esta columna, no podés no haberte cruzado con este Spaghetti Western del año 1966 dirigido por Sergio Leone.

Con ese título se hace alusión a los tres grandes protagonistas del relato: Clint Eastwood interpretó al hombre sin nombre, también conocido como El Bueno, Lee Van Cleef tuvo el papel de El Malo, y Eli Wallach hizo lo mismo con El Feo. El primero es un cazarrecompensas, el segundo es asesino a sueldo y el tercero es un ladrón y sus aventuras se cruzan en el viejo oeste durante la época de la Guerra Civil de Estados Unidos.

Desde que la película se popularizó ha servido como metáfora en infinidad de contextos, de hecho, hay mucha gente que cree que el mundo se divide en buenos y malos, y que se los puede reconocer fácilmente.

Esa simplificación la podríamos resumir de esta forma.

Luego están los malos: aquellos que abogan por convencer a todos de que el hombre es una amenaza para el hombre; aquellos que con sus propias acciones nos “demuestran” lo “bien” que está agredirnos, matarnos, dejar de ayudar, solapar “accidentes” fatales sin pagar por los errores; solapar sobornos, juicios injustos, violaciones, chantajes, etc. Ellos suelen ser lobos con piel de oveja. Suelen ser muy astutos, muy inteligentes.

Y qué pasa con los feos entonces, guardemos la definición para la metáfora de ahora.

El gobierno comenzó un nuevo juego del bueno y el malo. Mientras Axel Kicillof manda inspectores e intima a las empresas por considerar que desabastecen el mercado. Hace el papel del malo, pero se muestra como el bueno que defiende a los pobres consumidores oprimido por los avaros empresarios.

El mismo día Roberto Feletti acepta que hay que revisar los costos y permitir que los mismos sean trasladados a los precios de los productos que están en los planes del gobierno. Le tocó el papel del bueno frente a sus colegas de gobierno que no entienden los problemas que el empresariado nacional enfrenta ante un contexto de crisis.

Vamos, todo muy cliché. Buenos y malos por doquier.

¿Pero, dónde está el feo?

El feo en la metáfora está y muy presente. Está en los silenciosos, en los políticamente correctos, los que no se la quieren jugar para no acrecentar los problemas. En los que dicen que como no es a ellos, mejor no meterse.

Esto está lleno de feos, y lo peor es que se está poniendo feo el porvenir. Hay un mercado interno que cada día consume menos y no se avizora una mejora. Mientras tanto, los políticos hacen el juego del bueno y el malo, los empresarios el de víctimas o desentendidos, y el negocio se pone feo, muy feo.

Discutimos cuánto debe valer una caja de leche en un súper de lomas de Zamora o un queso en Tafí del Valle. Nos falta ordenarles a las vacas cuántos litros de leche deben dar por día. Mientras eso pasa los últimos datos de consultores privados muestran con claridad cómo viene cayendo el consumo de alimentos y bebidas.

El último relevamiento de CAME, por ejemplo, reflejó una caída de casi 5% en abril en relación a marzo en autoservicios y mercados de cercanía. También habría una migración de consumo a favor de los mayoristas e hipermercados en la búsqueda de más descuentos. Números similares arrojan los relevamientos de Focus Market, que dirige el economista Damián Di Pace, que estimó una merma de 4,5% en la compra de alimentos el mes pasado.

A todo esto, la inflación proyectada para el año se acerca cada vez más al 70%, y nosotros seguimos repitiendo una película que ya vimos y fracasó hace años. Basta de buenos, de malos y de feos, hablemos en serio y dejemos de perder tiempo en boludeces.

Por cierto, a mí me dieron ganas de volver a escuchar la famosa melodía de Ennio Morricone, supongo que a ustedes también.

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