El queso Gamonéu
Por las venas de la familia Valle Fernández corre la veneración hacia el queso Gamonéu y un saber hacer que pasa de generación en generación. De poco sirve resistirse, como le ocurrió al cangués Manuel Valle Fernández durante años, porque la inquietud por la elaboración termina por imponerse. Fruto de ese conjunto de ingredientes es la quesería La Corona, recién incorporada a la Denominación de Origen Protegida (DOP) Gamonéu. Con ella son ya 21 las queserías del valle inscritas, una cifra a la que próximamente se sumarán dos más, ambas del concejo de Onís y en proceso de adhesión.
En el caso de La Corona, su sede está en la localidad canguesa de Intriago y la entrada en la DOP quedaba formalizada en los últimos días. Detrás de la iniciativa está tanto Manuel Valle Fernández como su pareja, Menchu María Remis, quienes encaran con ilusión la nueva etapa. Para ella, de Gijón pero con raíces en Cangas de Onís, se trata de un nuevo sector; mientras que él contaba hasta ahora con experiencia como ganadero, trabajo al que se dedica desde los 18 años.
A sus 45 le llegó la decisión definitiva para convertirse en quesero, pues la instalación estaba construida desde hace más de una década, pero continuaba «sin estrenar». «El queso funciona y hay que buscar una salida», explica. «Del queso no sabía nada, que estaba bueno y que me gustaba comerlo», bromea Menchu María, quien destaca cómo el aprendizaje ha corrido a cargo de la mejor maestra, Covadonga Fernández, madre de Manuel. Afamada elaboradora de Gamonéu del puerto en la majada de Gumartini, Covadonga es la matriarca de una familia decidida a seguir con su legado, pues con la incorporación de Manuel sus tres hijos cuentan ya con quesería propia.
«Yo lo mamé desde pequeño en el puertu. Cuando nací ya subía a Belbín con mi madre», rememora Manuel. En Gumartini continuó el aprendizaje, donde pudo además observar de cerca a su tío, Antonio Fernández, a sus 74 años una leyenda viva del pastoreo en los Picos de Europa.
«El peor inconveniente es el lobo», explica Manuel Valle, quien atribuye también al cánido el complicado momento que atraviesa la variedad del puerto.
Ataques del lobo
Con tan solo cuatro productores, entre ellos la quesería Gumartini de su madre, reconoce que de resultar satisfactoria su incursión en la modalidad del valle, no baraja darle relevo en la elaboración del puerto. «Es algo esclavo y si no fuera por el lobo, te lo planteabas, pero para la reciella tiene que estar una persona solo a eso», apunta. Los ataques, continúa, no solo los sufren en el puerto, pues recientemente en su ganadería el lobo «mató dos ovejas a la puerta de la cuadra». «La gente se desanima», resume.
Con más optimismo ve el futuro del Gamonéu del valle y sus ventas, pues La Corona ya ha generado demanda estas fiestas. Por el momento, explican los nuevos queseros, su Gamonéu lo han vendido a particulares, a «alguna tienda de Gijón y para cestas de Navidad». «Para acabar de empezar no está mal», reconocen Manuel Valle y Menchu María.
Todo apunta además a que la saga de los Valle Fernández no le faltará continuidad, pues Manuel hijo, de 14 años, ya despunta en el oficio. «Tiene que gustarte, como todo, pero el hacer queso es lo más guapo», resume Manuel padre.