“En todo el sector primario el principal problema para el productor es la rentabilidad”, expone Xabier Iraola, coordinador de la organización agraria ENBA. “El año pasado hubo unos meses buenos, pero en los últimos meses nos están volviendo a bajar los precios”, indica. Se refiere Iraola a la remuneración por cada litro de leche que les asignan las industrias lácteas, encargadas a su vez luego de venderlas a las principales cadenas de distribución, que son las que en última instancia determinan, con sus políticas comerciales, en qué valores se mueve la leche.
En junio, el litro de leche se pagaba al ganadero vasco a 0,55 euros, por los 0,6 del mes de febrero. Un descenso paulatino que está llevando de nuevo la preocupación al sector. Lo que ocurre en Galicia está llevando de nuevo la alarma a los baserritarras. “El mercado gallego produce la mitad de la leche que se vende en Estado, es la referencia para el resto”, indica Iraola. Y allí el precio concedido por litro ha pasado de estar en 0,58 euros a 0,51. Un movimiento a la baja que desde ENBA temen que se consolide y se extienda a otras comunidades. La media en el Estado fue de 0,53 euros.
Para Ángel María Gil Castresana, CEO de Iparlat –la principal industria láctea vasca y una de las más importantes del Estado–, el problema estriba en la actual Ley de Cadena Alimentaria, reformada en 2021 y que, si bien recoge una obligación general de que el productor no trabaje a pérdidas, “no tiene en cuenta a todos los eslabones” de ese proceso. “El sector lácteo es muy complejo y nadie en él estamos contentos con esta ley. Desde Iparlat queremos que se cumpla lo que dice la ley, pero el problema es que está mal definida. Es una norma más pensada para la agricultura”, explica.