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31 Ene 2026
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En una década, la UE redujo fuertemente su hato ganadero por costos y políticas ambientales, con impacto en producción y soberanía alimentaria.
Europa pierde millones de vacas lecheras y alerta al sector

Europa atraviesa un profundo cambio estructural en su sistema ganadero, con una fuerte caída en la cantidad de vacas lecheras y bovinos en general, una tendencia que enciende alarmas en el sector agropecuario y lácteo.

Según datos recientes de Eurostat, solo en 2024 el stock de ganado bovino de la Unión Europea se redujo un 2,8%, ubicándose en torno a los 72 millones de animales. Esta baja se inscribe en un proceso más amplio: entre 2014 y 2024, el número total de bovinos cayó un 8,7%, lo que implica millones de animales menos en el continente.

La pérdida del hato no es un fenómeno aislado. En la última década, Europa ha visto desaparecer de manera sostenida vacas lecheras y ganado destinado a carne, en un contexto marcado por el aumento de los costos productivos y una presión regulatoria cada vez mayor. Estas condiciones obligaron a muchos productores a reducir inventarios o directamente a abandonar la actividad.

Uno de los factores clave detrás de esta transformación es la transición ecológica impulsada por el Pacto Verde Europeo y la estrategia “De la Granja a la Mesa”. Si bien estas políticas apuntan a reducir emisiones y promover sistemas más sostenibles, también aceleraron el cierre de explotaciones, especialmente de pequeña escala.

Entre 2005 y 2020, la Unión Europea perdió alrededor de 5,3 millones de granjas. Actualmente sobreviven cerca de 9,1 millones, lo que representa una caída del 37%. Las explotaciones ganaderas y mixtas figuran entre las más afectadas, debilitando el entramado productivo de amplias regiones rurales.

Las vacas lecheras fueron de las primeras en desaparecer en muchos territorios, debido a los elevados niveles de inversión que requiere su manejo y al cumplimiento estricto de normas ambientales y sanitarias.

La reducción del hato europeo también plantea efectos contraproducentes desde el punto de vista ambiental y económico. Con menor producción local, Europa deberá aumentar sus importaciones de carne y lácteos, muchas veces desde países con estándares ambientales y sanitarios más bajos. Esto podría incrementar la huella ecológica global y socavar los objetivos de sostenibilidad interna.

Además, la caída de la producción ganadera compromete la soberanía alimentaria del continente, al aumentar su dependencia del comercio internacional y de contextos geopolíticos externos.

Desde una perspectiva ambiental y cultural, la desaparición de la ganadería extensiva —clave en zonas montañosas o marginales— pone en riesgo la conservación de paisajes rurales, la prevención de incendios y la preservación de razas autóctonas, elementos fundamentales del patrimonio europeo.

Con millones de vacas lecheras menos en su territorio, Europa enfrenta una década decisiva. El desafío será avanzar hacia una transición verde equilibrada, que combine sostenibilidad ambiental con viabilidad productiva y seguridad alimentaria.

Fuente: Contexto Ganadero

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