Hay empresas que encuentran el negocio en el volumen y otras lo encuentran en el valor agregado: Alloa Vanguard -láctea santafesina especializada en queso azul- está en el segundo grupo.
Desde Cañada Rosquín, la empresa de la familia Cassina viene creciendo con un modelo que va contra la corriente: en cambio de producir más leche para fabricar más cantidad de queso, conformaron un rodeo con vacas kiwi -una cruza entre Holando y Jersey- que ordeñan menos que otras razas pero producen una leche enriquecida en grasas y proteínas, que les permite fabricar más kilos de su multipremiado queso azul.
Ahora, los Cassina le dieron una vuelta de rosca más al agregado de valor, y lanzaron una línea premium, apalancada sobre dos productos estrella: Piemont, un queso cremoso y picante, similar a la receta italiana del queso gorgonzola, y un Queso Azul Ahumado con chips de cerezo (nada de ahumado en polvo, en la fábrica santafesina se ahuma con los chips traídos del Alto Valle de Río Negro).
De la mano de esta línea premium y de sus tradicionales quesos azules, la firma proyecta duplicar producción en dos años. “En 2022 procesábamos 13.000 litros de leche por día, y en 2023 el promedio fue 20.000 litros diarios. La idea es llegar a la primavera de 2024 en 26.000 litros y mantenernos en ese número. Queremos mejorar el precio del kilo, más que sumar volumen”, indicó Franco Cassina, al frente de la compañía.
La otra clave es la exportación. Si bien la planta de la empresa fue diseñada bajo estándares internacionales con la asesoría del Inti Rafaela, el año pasado en Alloa Vanguard se realizó un fuerte trabajo de adecuación de infraestructura para certificar normas de calidad HACCP, requeridas para el comercio exterior, y cumplirán con la última auditoría en pocos días. “Vamos a empezar exportando a Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile”.
También hubo otros avances en infraestructura para sostener el crecimiento: sumaron cámaras frigoríficas y automatizaron con equipamiento todo el envasado de productos, que antes era manual.

Todo se transforma
Reducir el impacto ambiental de la actividad y aprovechar al máximo los subproductos que se obtienen de la fabricación del queso es otro de los propósitos en Alloa.
Al calentar la masa en la tina quesera -equivalente a una olla- se filtra el suero de la leche, que sirve, por un lado, para alimentación animal, y por el otro, como biofertilizante en agricultura, en tanto que contiene bacterias benéficas para los cultivos. Los Cassina están completando los trámites necesarios para inscribir este subproducto en Senasa.
“Además, hace tiempo dejamos de quemar combustibles fósiles y utilizamos biomasa para generar calor en las calderas y tenemos un sistema que recolecta el agua de lluvia del techo de la fábrica para realizar tareas de limpieza”, detalló Cassina.
Una familia detrás de los productos
Los hermanos Franco y Leandro Cassina son la tercera generación al frente de Alloa Vanguard, una pyme que creció a pulmón.“Esta historia empezó con mi abuelo, que como buen inmigrante empezó con una mano atrás y otra adelante, comprando campos con hipotecas y montando el tambo. Mi viejo, que creció en ese tambo, apostó para armar la fábrica y se animó a tomar empleados. Cuando yo me recibí de ingeniero, en 2012, liquidaba 7 sueldos con mi computadora. Hoy somos 47 personas en este equipo”, contó Franco.

Además de hacer crecer la empresa, junto a su hermano montaron un centro logístico en Rosario, para atender al mercado local, y encaran la fase de agregado de valor.
Alloa Vanguard atiende varias unidades de negocios, en un complejo productivo que totaliza 700 hectáreas, de las cuales la mitad están destinadas a la agricultura (tienen cultivos de soja, maíz, trigo, sorgo y girasol) y la otra mitad al tambo y la fábrica de quesos, que producen 8.000 litros de leche por día y 45 toneladas de queso al mes, respectivamente. Además del sello propio, producen para otras 28 marcas.