ESPMEXENGBRAIND

4 Abr 2025
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4 Abr 2025
Propiciar la asociatividad entre los productores, utilizar los nuevos sistemas de alimentación para hacer más eficiente la ganancia de peso de los animales e incorporar un porcentaje de razas especialistas en carne a los planteles lecheros, ayudará a aumentar los márgenes del negocio.
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“Los terneros machos de lechería siempre han sido un dolor de cabeza para la industria láctea”, asegura Emilio Martínez, investigador del Instituto de Ciencia Animal de la Universidad Austral.

Se refiere a que para las lecherías encontrar una alternativa económica para estos animales es un gran desafío, especialmente considerando que alrededor del 50% de los partos que se producen en ellas termina en el nacimiento de un macho.

“En la actualidad hay muchos productores, especialmente los más grandes, que regalan sus machos, aunque también hay un porcentaje no menor que los vende al nacimiento o los cría y los vende para engorda o ya terminados”, afirma Pedro Meléndez, investigador de campo de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Georgia, Estados Unidos.

El problema de la segunda opción es que la crianza involucra altos costos, lo que acota los márgenes para negociar un precio adecuado por la venta de esos animales.

Apostar por la asociatividad

Para Michel Junod, gerente de Aproleche Osorno, el problema de falta de rentabilidad en la crianza de los machos de lechería tiene que ver, en gran medida, con la estructura actual de criar a los machos.

“El negocio de la carne no es malo, porque demanda hay; el problema es que los productores han estado viviendo por mucho tiempo en el lado malo, sin gestión comercial. Están acostumbrados a entregar sus productos y aceptar lo que les den por ellos”, explica.

Una formar de cambiarlo, según Junod, es que los productores busquen alternativas de asociatividad o cooperativismo que les permitan no solo aumentar su masa ganadera, sino también contar con una estructura más sólida y mayor poder de negociación ante los poderes compradores.

“En el sector lechero, por ejemplo, están apareciendo cada vez con más fuerza los llamados grupos comerciales, los cuales reúnen a varios productores lecheros en una estructura común, pero totalmente independiente de sus respectivas lecherías. De hecho, a través de ellas hoy se está vendiendo volumen de leche, pero también se están comprando insumos y servicios. Incluso se están pensando opciones para comercializar machos de lechería”, advierte Michel Junod.

Lo ideal, según el gerente de Aproleche Osorno, es que estas estructuras cuenten con una administración gerencial capaz de desarrollar una estrategia comercial atractiva, que cumpla las expectativas de los asociados.

“Los productores tienen que saber cómo y a quién venderle. Esto sin dudas les permitirá conseguir mejores retornos”, asegura.

Mejorar la crianza

Los expertos también concuerdan en que para transformar a los machos de lechería en un negocio rentable es necesario que la ganancia de peso de los animales, especialmente en la crianza —la etapa más cara—, sea más eficiente.

“Existen productores lecheros que basan su producción en sistemas pastoriles, cuyos machos alcanzan los 200 kg —un peso adecuado para la venta en la etapa de crianza— recién a los 10 meses de edad o más. Eso no puede ser, es demasiado”, afirma Emilio Martínez.

Para optimizar esos resultados es clave mejorar la estrategia alimenticia de los animales.

Si bien existen múltiples sistemas de nutrición que apuntan a este objetivo, en el país los expertos recomiendan es el diseñado por investigadores de la Universidad Austral, que permite que a los 6 meses los terneros alcancen entre 200 y 220 kg, es decir, 50-70 kg más de lo normal en el mismo período.

Este sistema, que está inspirado en los modelos de Inglaterra e Irlanda, contempla, en primera instancia, la disminución de la dieta láctea a los 40 días, lo que le permitirá al productor ahorrarse un costo importante —los terneros consumen entre 4 y 6 litros diarios de leche— y disminuir los eventuales riesgos sanitarios del proceso.

“En la crianza los productores muchas veces usan leche reciclada, lo que si bien les permite bajar en algo sus costos, aumenta los riesgos de que pueda haber una transmisión de infecciones o enfermedades”, advierte Pedro Meléndez.

Esta parte de la dieta del ternero es cubierta con la entrega de una fórmula de concentrado, con especial énfasis en el nivel nutritivo, desarrollada por la misma universidad.

“Si bien al entregar concentrado el productor aumentará su inversión, tendrá un animal con más peso que diluirá los costos en más kilos. Lo importante es que al sumar y restar, llegará al final de ese proceso con un margen de rentabilidad mayor al que obtendría con un sistema tradicional de cría”, asegura Emilio Martínez.

La implementación de este sistema también le permitirá al productor lechero de ciclo completo entrar a recría y engorda con animales de 6 meses, lo que puede significar un ahorro de recursos importantes.

“A esto se agrega el hecho de que se llega con animales bastante sanos, con índices de mortalidad inferiores al 2%, lo que es bastante poco si se compara con la realidad chilena, donde este índice puede llegar fácilmente al 20%”, afirma Verónica Ruíz, secretaria ejecutiva de la Corporación de la Carne.

Hoy, los investigadores de la Universidad Austral trabajan en la segunda etapa de este proyecto, con la finalidad de hacer más eficiente la engorda de los animales. Si bien aún se está trabajando en esto, existen algunos resultados preliminares que, según Emilio Martínez, uno de los investigadores del proyecto, son bastante prometedores.

“En julio saldremos con animales de otoño, nacidos el año pasado, con 500 kg a los 18 meses”, comenta.

El investigador explica que en el esquema de engorda se basa principalmente en la alimentación en praderas y la suplementación con un concentrado (similar al usado en terneros) en verano, que es la época en que existe mayor escasez de alimento.

“Pese a esas condiciones, producto de la sequía, con este esquema los animales han mantenido su promedio de ganancia de peso de un kilo por día, lo que les ha permitido entrar a patios de alimentación con mezclas del sur de Chile, basadas en granos y ensilaje, y llegar a una finalización a los 18 meses”, sostiene Emilio Martínez.

Verónica Ruíz, por su parte, destaca que este es un modelo sustentable desde el punto de vista del bienestar animal y dinámico, ya que se puede adaptar bien las realidades de cada productor.

“Un productor que quiera usar más pastoreo, porque tiene mayor disponibilidad de praderas, puede hacerlo sin mayores problemas”, asegura.

Medidas complementarias

Otra alternativa para transformar a los machos de lechería en un negocio rentable es incorporar a las exploraciones lecheras un porcentaje de animales con aptitudes cárnicas. En Estados Unidos, por ejemplo, el 20% de las vacas de leche de peor calidad —especialmente las más viejas— son inseminadas con semen de razas especialistas en carne como angus.

“Así, la cría híbrida, ya sea macho o hembra, se puede vender al nacimiento en un mayor precio, debido a que tiene genes cárnicos mucho mejores que los de holstein, que es la raza lechera más predominante en este país”, afirma Pedro Meléndez.

Esta práctica, según el veterinario, debería ser complementada con el uso de semen sexado en las vaquillas, con el fin de mantener una tasa de reemplazo normal en la lechería.

“Con esto se gana dos veces: se obtiene mayor cantidad de hembras para la lechería y, por otro lado, en el 20% más malo se genera un valor cárnico que se paga a mucho mejor precio en el mercado”, explica.

Según Pedro Meléndez, otra opción que se podría explorar, especialmente en el caso de los machos holstein puros, es la castración a temprana edad y la realización de una engorda por alrededor de un año para que el animal alcance su peso de término.

“El problema es que el mercado siempre pagará ese macho a un precio inferior que si fuera de carne, lo que en la práctica puede llevar a que no se recupere la inversión. Pero todo dependerá del precio de la carne”, asegura.

Otro camino que están tomando algunas lecherías del país es arrendar los machos a los rodeos. Esta práctica, que está limitada por el peso del animal —solo se pueden usar los que se encuentran entre los 350 y 500 kg— puede transformarse en un excelente negocio para los productores, si se considera que los precios de arriendos oscilan entre $40.000 y $60.000 por animal.

“De todas maneras, este no es un nicho para todos, pues no hay tantos rodeos para que usen todos los machos que existen en el país”, advierte Pedro Meléndez.

El panorama de los animales de lechería

Uno de los factores que influye en las posibilidades de venta que tiene un macho de lechería es su genética. En Chile los productores usan fundamentalmente tres: jersey, holstein y doble propósito.

Los machos de jersey, por ejemplo, no son muy apetecidos por la industria cárnica, debido a que son animales relativamente pequeños, cuya genética les impide conseguir una alta ganancia de peso para carne.

“La venta de un macho jersey solo será negocio para el productor en la medida que este pese sobre 300 kg. De lo contrario, perderá plata”, asegura Michel Junod.

Los machos holstein suelen tener bastante mejor aceptación entre los compradores que los jersey, debido a que son capaces de alcanzar un peso cercano a los 600 kg a los 18 meses, dependiendo del sistema de crianza que se utilice.

Pero los más cotizados por los compradores son los machos de razas doble propósito, como frisón chileno y overo colorado, que poseen buenas características cárnicas gracias a que su estructura es considerada más robusta y alcanzan un peso de alrededor de 550 kilos.

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