El agua juega un papel fundamental en la cadena láctea: forma parte de la composición misma de la leche y es un recurso clave en todas las etapas de producción, desde la nutrición de los animales hasta los procesos industriales de transformación. Una publicación reciente reflexiona sobre cuánta agua se requiere en la producción de leche y cómo las empresas lecheras están gestionando este recurso en contextos de escasez hídrica.
La leche está compuesta mayoritariamente por agua —alrededor del 87 % del volumen final— y este dato no solo define su valor nutricional, sino también la huella hídrica asociada a su producción. Además del agua contenida en el producto terminado, una parte considerable se destina al consumo de las vacas lecheras, a la limpieza de instalaciones, al lavado de equipos y al enfriamiento de la leche en cámaras frigoríficas.
En el tambo, el agua es indispensable para cubrir necesidades fisiológicas de las vacas —que pueden consumir varios litros por animal cada día— y para garantizar la salud, el confort y la productividad del rodeo. La calidad y disponibilidad de agua de bebida son factores que pueden limitar o potenciar la producción de leche, influyendo directamente en la eficiencia productiva.
En las industrias lácteas, por su parte, el agua se utiliza intensamente para procesos sanitarios y productivos. Esto incluye pasterización, limpieza de tanques y tuberías, producción de vapor y enfriamiento de productos. El consumo de agua en estas operaciones puede ser varias veces mayor al volumen de leche procesado, aunque con tecnología adecuada es posible optimizarlo y reducirlo considerablemente.
La gestión hídrica eficiente se ha convertido en un factor estratégico para la sostenibilidad de la cadena. Algunas empresas están implementando sistemas de recirculación, tratamiento de aguas residuales y tecnologías que permiten reutilizar parte del recurso dentro de sus procesos productivos. Estas prácticas no solo reducen la demanda de agua potable, sino que también ayudan a cumplir con normas ambientales cada vez más estrictas.
Para los tamberos y las industrias lecheras, administrar el agua de forma responsable también tiene implicancias económicas, ya que los costos asociados al recurso hídrico —especialmente en períodos de escasez o sequía— pueden traducirse en efectos sobre la rentabilidad y la competitividad. Por ello, la implementación de buenas prácticas de gestión y tecnologías de eficiencia es cada vez más frecuente en sistemas productivos de leche.
A mediano y largo plazo, frameworks integrados de producción que contemplen la huella hídrica, el tratamiento de efluentes y el uso eficiente del agua contribuirán a una lechería más sostenible, resiliente y alineada con los objetivos ambientales globales, sin perder de vista la necesidad de alimentación y nutrición que representa este sector para millones de consumidores.
Fuente: InduAmbiente – El agua en la leche
https://www.induambiente.com/el-agua-en-la-leche






