Son Tomaselli cinco hermanos, pero tres forman parte de la sociedad que le alquila el tambo al padre. Otro hermano que es veterinario colabora con la empresa.
El tambo está en General Villegas, en la cuenta oeste bonaerense y sus socios participan de la actividad gremial a través de Caprolecoba. También forman parte del Crea tambero Villegas-Ameghino.
“Tenemos un muy buen equipo de trabajo que no exige que yo esté todo el tiempo arriba de la diaria”, contó Sergio, quien se encarga la gestión del tambo. Otra hermana está en la administración de la firma y un varón conduce la empresa de picado de silos, que a veces subsidia a la que produce leche.
En ese equipo de trabajo hay nietos de los empleados que arrancaron la actividad junto con su abuelo. Por eso los Tomaselli los consideran como “parte de la familiar”.
“Ordeñamos 350 vacas, algunas propias y otras alquiladas, y arrendamos el 60% de la superficie. De a pocos vamos transformando la hacienda alquilada en propia, tratamos de ser muy eficientes porque cuando uno no es propietario y debe pagar alquileres de vacas y tierra, no puede andar errando, hay que tener el lápiz bien afilado”, explicó Sergio a Bichos de Campo.
Si bien es un tambo de alta producción, los hermanos saben que tienen materias pendientes en cuanto a la incorporación de más tecnología, que es a lo que se apunta. Pero las condiciones financieras no están dadas para hacerlo.
“Nos veníamos atrasando en infraestructura. Pensábamos en sumar tecnología, pero con estos debacles económicos que hacen que uno quede descalzado respecto al dólar, hacerlo se vuelve muy complicado. Incorporamos tecnología a nivel de la alimentación con software para los mixers (mezcladoras de alimentos), que permiten el monitoreo remoto. Pero todavía no pusimos collares en las vacas ni fuimos por la robotización, aunque a eso se apunta, esa es la idea”, explicó el productor.
La crisis que vive la actividad les pega también a estos establecimientos de mayor escala, que buscan sobrevivir al maremoto financiero para que no se los lleve puesto la ola.
“Ya van 24 meses que venimso complicados y uno se va comiendo las amortizaciones y paga con infraestructura el mantenimiento del nivel de producción. Uno no puede salir desesperado a cerrar grifos como la alimentación. Esta situación implica ingeniería financiera: cuando se venden vacas o entra dinero por venta de la leche se compra alimento o lo que se requiera. Es una carrera que se viene repitiendo y se está acentuando en el último tiempo”, comentó.
Para contextualizar las cosas, hay que saber que la leche se cobra en pesos y su precio depende mucho del consumo interno y las exportaciones de lácteos que puede realizar la industria. A la vez, muchos de los costos de un tambo se fijan en dólares. Con la sequía se hizo mucho más difícil contar con alimento barato, especialmente pasturas. Esto se ha agravado en los últimos tiempos, ya que otros componentes de la dieta de las vacas lecheras, como la soja, se ha encarecido artificialmente por la aplicación de los sucesivos Dólar Soja. En definitiva, lo que entre en el tambo no alcanza a cubrir los costos, y esto obliga a ir recortando gastos.
Tomaselli sabe que “el panorama es complejo y el clima es la única esperanza que nos queda. Es muy difícil tener una actividad de largo plazo en un país de corto plazo y sobre todo sin moneda, que es el principal problema que tenemos los que vendemos en pesos”.