El helado artesanal dejó de ser solo un postre para convertirse en un símbolo de identidad cultural en la Argentina. Con un consumo que no para de crecer y una fuerte impronta local, el sector alcanzó un nivel de reconocimiento comparable al de productos emblemáticos como la carne vacuna y el vino.
Según un informe reciente, el país se ubica entre los mayores consumidores de helado del mundo, con una preferencia marcada por las elaboraciones artesanales, que se destacan por su calidad, diversidad de sabores y fuerte vínculo con la cadena láctea nacional. Este fenómeno no solo refleja un cambio en los hábitos de consumo, sino también una revalorización del trabajo de las pymes, las heladerías de barrio y los productores de materias primas.
El crecimiento del helado artesanal está estrechamente ligado al desarrollo de la industria láctea, ya que la leche, la crema y otros derivados son insumos clave. En este sentido, el sector se consolida como un eslabón estratégico que agrega valor, genera empleo y potencia economías regionales, especialmente en las grandes ciudades y polos turísticos.
Además, el consumo ya no se limita a los meses de verano. La desestacionalización es una de las tendencias más relevantes del mercado: cada vez más argentinos incorporan el helado a su dieta durante todo el año, impulsados por nuevas propuestas, formatos y una percepción de mayor calidad frente a productos industriales.
Este fenómeno también dialoga con cambios culturales más amplios. El helado artesanal se asocia hoy a experiencias, encuentros sociales y disfrute, reforzando su lugar dentro de la identidad gastronómica argentina y consolidando su protagonismo dentro del universo de los alimentos lácteos.






