ESPMEXENGBRAIND

4 Abr 2025
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En San Pedro de los Milagros, uno de los municipios más lecheros de Colombia, Delio de Jesús Arboleda ha desarrollado un vínculo especial con las vacas de su finca "La Campiña", donde consiguió hacer del ordeño un arte e innovar con la tecnología.
Un trabajador instala un sistema de ordeño mecánico el pasado jueves, 28 de marzo de 2019, en San Pedro de los Milagros, departamento de Antioquia (Colombia). EFE

En la madrugada tiene el primer contacto con el rebaño, al que solo le basta su presencia para iniciar un desfile organizado hacia la zona en la que empezará la recolección de los primeros litros de su afamada leche.

“No todos, aunque tengan el conocimiento, sacan leche de buena calidad porque no tienen ese espíritu ni cariño por los animales”, expresó a Efe Arboleda, que compró con 12 años su primera vaca y ahora, tras más de cinco décadas, representa a una generación importante de la vereda (aldea) “Pantanillo”.

“Desde esa edad, las ganas de progresar y gusto por la ganadería se fue metiendo”, acotó el campesino.

La tranquilidad que le transmite a su ganado le ha permitido no solo mantenerlo “aliviado”, sino lograr elevar las características de los litros que le compra una importante compañía del sector lechero y cárnico.

Su día empieza siempre a las cuatro de la madrugada, incluidos los domingos, con el ordeño de 16 vacas (holstein y jersey) que le proveen de más de 220 litros diarios tras cumplir un protocolo estricto que permitió que “La Campiña” se convirtiera en una de las primeras fincas pequeñas certificadas en buenas prácticas ganaderas.

Pero a ese “amor por sacar leche”, reflejado en un trabajo metódico, correcta higiene, ganado sano y el acompañamiento permanente de un médico veterinario, le sumó la aplicación de la tecnología, una decisión que lo llevó a dar un salto de calidad, una vez conoció lo beneficios a través de capacitaciones con la Corporación Interactuar.

La llegada de expertos al municipio, que no solo le enseñaron de valor agregado y tecnificación, le mostró que “después de viejo se puede progresar”, pues se convirtió en el primer ganadero de su caserío en adquirir un tanque de enfriamiento para garantizar la conservación de las bondades de su leche.

“Si uno tiene leche de buena calidad, siempre le pagan mejor”, reflexionó el ganadero, al que un diagnóstico médico le dio un empujón final para elevar la operación: “no podía seguir ordeñando, la mano se me estaba ‘entiesando'”.

Ahí, apostó por una máquina de ordeño que lo volvió más productivo, bajó los tiempos de recogida y le significó menos enfermedades para su ganado, además de mejorar su salud.

“Esa tecnología me cambió la vida”, apostilló mientras se alistaba para el ordeño de la tarde, que lo abrió con su vaca “Lavanda” y lo terminó con “Tortolita”, en un proceso que tardó una hora entre las verdes montañas de San Pedro de los Milagros, al que trajo su revolución tecnológica.

A partir de ese momento, según relató el pionero en esa evolución, sus vecinos empezaron a cambiar y ahora “solo el 20% ordeña de forma manual”.

“En este momento hay ocho manos ordeñando”, destacó mientras su máquina operaba y el sonido de la succión se replicaba en las fincas aledañas, donde también cumple la cita con el ganado a las tres de la tarde.

Hernando David Camargo, zootecnista y consultor del programa Método Base de Aceleración agroempresarial en Interactuar, explicó que el seguir una “secuencia” permite que el producto final sea “inocuo”.

“No maltratar a los animales y seguir una rutina es importante”, precisó el experto, quien añadió que no pueden ser descuidados aspectos como “la desinfección, el ordeño higiénico y sellado de los pezones para evitar entrada de bacterias”.

Según Camargo, en San Pedro de los Milagros consiguió consolidarse como un municipio de “lechería especializada” al manejar razas de “muy alta genética adaptadas a la zona”, contar un terreno con ciertas pendientes y, además, manejar pastos de alta producción y fertilizados.

“Acá se hacen dos ordeños en el día, un control de todas las enfermedades y un manejo óptimo en el que los animales están tranquilos y pueden expresar toda su productividad”, concluyó el zootecnista especialista en alimentos.

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