Producir entre un 2 y un 5% menos a cambio de una indemnización de 32 centavos por litro no producido. Eso es lo que la federación láctea francesa, que reúne a los productores y a la industria, propone a los agricultores, si la Comisión Europea da luz verde. No es fácil en medio del pico de producción, donde las vacas pueden finalmente pastar afuera. Su ingesta de alimentos tendrá que reducirse de dos ordeños a uno por día.
Menos queso y mucha leche en polvo
Se trata de frenar la caída de los precios de la leche, que la industria no logra absorber. El consumo de productos de queso ha disminuido drásticamente, ya que se están cerrando restaurantes y cantinas para evitar la propagación del virus. Y es que los encerrados particulares están abandonando el queso al corte corte y prefiriendo la leche fresca, el yogur y la manteca.
La industria tiene que adaptarse urgentemente porque en regiones como la del este francés, la mano de obra ha disminuido entre el 20 y el 30%. Al mismo tiempo, el excedente de leche debe ser transformado en leche en polvo y las torres de secado funcionan a pleno. Todos estos factores aceleran la caída de los precios.
China eliminó los productos lácteos de su dieta
La caída mundial de los precios de la leche continua tres meses después del cierre de China, el mayor importador de productos lácteos del mundo. Desde la crisis, el gigante asiático se ha alejado masivamente de este tipo de productos en su dieta. Y recién en estos días, Pekín ha comenzado a autorizar la devolución de los contenedores a los exportadores de otros continentes.
En la India, la leche se tira a la basura
Al extenderse el confinamiento a todas las regiones del mundo, la caída de los precios de la leche se ha convertido en un fenómeno mundial. En Europa, Alemania ha perdido su mercado italiano. En Estados Unidos, los agricultores se ven a su vez afectados por la caída del consumo.
Y en India, están empezando a tirar la leche en las zanjas. Las autoridades prohibieron su transporte de un estado a otro, por lo que la leche ya no llega a las fábricas. Solo en Kenya los precios pagados a los productores aumentó, pero sólo porque cerraron la frontera a la leche procedente de la vecina Uganda, donde los agricultores se quejan de que sus ingresos se dividen por ocho.