Mientras la apertura comercial reconfigura el consumo masivo en Argentina y las góndolas incorporan cada vez más productos importados, el sector lácteo se mantiene como una de las categorías con mayor resistencia frente a la competencia externa. La explicación no está en barreras arancelarias, sino en logística, vida útil y hábitos de consumo profundamente locales.
Logística y cadena de frío: la barrera invisible
A diferencia de otras categorías alimenticias, los lácteos —especialmente el yogur— requieren una cadena de frío estricta y entregas diarias, lo que limita su viabilidad como producto importado.
En el caso del yogur, la corta fecha de vencimiento y la necesidad de distribución inmediata hacen prácticamente inviable competir desde el exterior. En Argentina, la infraestructura de frío y distribución fue desarrollada durante décadas por empresas locales, con redes que alcanzan más de 100.000 puntos de venta.
Replicar esa capilaridad logística desde otro país implicaría costos y tiempos incompatibles con la naturaleza del producto.
Apertura comercial y cupos de quesos
El reciente acuerdo de reciprocidad económica con Estados Unidos contempla un cupo inicial de 1.000 toneladas anuales de quesos importados, una cifra marginal si se compara con las exportaciones lácteas argentinas, que en 2025 superaron las 425.000 toneladas.
Si bien la categoría alimentos muestra crecimiento en importaciones, no todos los subrubros presentan la misma dinámica. En quesos, la vida útil inferior a 80 días en muchas variedades frescas o semiduras constituye una barrera técnica importante.
Las variedades con mayor duración —como algunos quesos maduros europeos— sí logran presencia en góndola, pero se posicionan en nichos de alto poder adquisitivo.
Cultura y paladar argentino
Más allá de la logística, el factor cultural juega un rol determinante. El consumo argentino se inclina por variedades tradicionales como pategrás, cremosos, queso de campo o tipo Lincoln, perfiles de sabor que no siempre encuentran equivalencia directa en productos importados.
Incluso cuando ingresan quesos europeos —brie danés, cheddar británico ultramadurado o variedades holandesas— su consumo permanece acotado por precio y preferencia sensorial.
En lácteos, la confianza construida durante generaciones también influye. El consumidor argentino mantiene fidelidad hacia marcas locales, especialmente en yogures y quesos de consumo cotidiano.
Ventas y dinámica interna
Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), en 2025 el consumo de lácteos mostró crecimiento en volumen, con subas superiores al 5% en productos y más del 6% en litros de leche equivalentes.
Esto sugiere que, pese a la apertura comercial, el mercado interno mantiene una base sólida de producción y consumo local.
Identidad productiva y oportunidad exportadora
El escenario también abre una lectura inversa: así como Argentina enfrenta mayor competencia externa, también puede capitalizar la identidad y especialización de sus productos lácteos en mercados internacionales.
La resistencia de los lácteos frente a la importación no responde a protección formal, sino a limitaciones técnicas, logísticas y culturales que siguen favoreciendo la producción nacional en una categoría estratégica para la agroindustria.
Fuente: Clarín
https://www.clarin.com/sociedad/supermercado-free-shop-rubro-alimentos-resiste-avalancha-importados_0_KxHAwe2wJB.html






