El 10% de la leche que se consume en Colombia viene de vacas estadounidenses. La situación viene aumentando dramáticamente desde que entró en vigor el TLC con Estados Unidos en mayo de 2012. Y tiende a agravarse. Según el presidente de la Asociación Colombiana de Procesadores de la Leche (Asoleche) Nelson Guerrero, el país no es lo suficientemente productivo ni competitivo. “Para el año 2026 estaremos totalmente libres de arancel con Estados Unidos, lo que implica la posibilidad de traer al país cantidades ilimitadas de productos lácteos, con las implicaciones que para toda la cadena esto significa; para el año 2028 la Unión Europea se sumará a esta fiesta”, dijo el dirigente gremial durante la instalación del congreso del sector que se realiza en Bogotá. En resumen, las exportaciones de productos lácteos de nuestro país son realmente muy bajas, mientras que las importaciones cada vez ocupan un lugar más preponderante dentro de nuestro consumo.
Pero la culpa no la tienen las vacas gringas. Desde hace unos 20 años se viene trabajando en un plan estratégico para tratar de volver más rentable y productiva la actividad en Colombia. El problema con esta estrategia parece de velocidad y efectividad en las políticas implementadas. Por ejemplo, la regulación de precios vigente no se alinea con una política de competitividad. Así mismo, el consumo interno sigue siendo bajo, sin contar el tema de la informalidad, que no solo está en el tema lechero sino en casi todo el renglón productivo.
En cuanto al mercado local, el Gobierno indica que hay una producción aproximada de 20 millones de litros de leche al día, de los cuales alrededor de 9 millones se considera que llegan al mercado informal. “Esto quiere decir que es leche que no paga retefuente, no aporta al fondo parafiscal, que llega a los procesadores informales los cuales no cumplen ningún tipo de reglamentación, ni en lo técnico, ni en lo social, ni en lo ambiental. Este 50% del sector lácteo compite con sus propias reglas frente al sector lácteo formal, al sector regulado, al sector comprometido con el país y la sociedad”, dijo Guerrero.
Como si todo esto no fuera suficiente, nuestra productividad por hectárea es muy baja. El estudio de los Costos Modales en la Ganadería de leche especializada, realizado por el Sena y Fedegan, concluye que las productividades por hectárea año son de 4.500 litros en promedio, frente a los más de 12.000 de Nueva Zelanda, lo cual nos ubica en un lugar muy lejano. Sin embargo, para Asoleche es curioso ver que en el sector primario colombiano hay una enorme disparidad en productividad, subsisten fincas con producciones de 1.000 litros hectárea año y otras con más de 20.000 litros hectárea año. “Por lo tanto, es importante identificar los modelos más eficientes de producción de leche, para profundizar en ellos y lograr los mejores resultados” dijo.
El dirigente gremial aseguró que persisten – además- muchísimas talanqueras que hoy son denominadas ‘costo país’: “Tenemos una situación de infraestructura de vías terciarias que hace que los costos de recolección, transporte y distribución de los lácteos sean muy altos. Es urgente que el plan de adecuación de vías se implemente rápidamente con el propósito de no seguir perdiendo competitividad”, dijo.
Modelo canadiense
El embajador de Canadá en Colombia, Marcel Lebleu, explicó durante el congreso lechero de Bogotá que en su país opera un sistema en el que el precio de referencia de la leche y el cupo de producción, son dos aspectos de esta actividad en Canadá.
El cupo para producir leche se compra similar al de un taxi. Se trata de un sistema que además es protegido, pues se establecen aranceles de hasta 200% de otros mercados como Europa y Estados Unidos. En resumen, en Canadá opera un gran pacto social en el que participan granjeros, consumidores y sector productivo.
Ese país también ha hecho un gran trabajo en temas de productividad, en gran parte, por los avances en genética de las vacas.
Durante este evento, el ministro de Agricultura, Andrés Valencia, también explicó sus avances en el último año para revitalizar el sector. Se habló de documentos Conpes, ayudas a pequeños lecheros, creación y asistencia para nuevos laboratorios que contribuirán a mejorar la calidad del lácteo y una nueva campaña publicitaria para ampliar el consumo per cápita. Otros avances para proteger el sector lechero son la exclusión del tema lechero en la Alianza del Pacífico y una mejor política para pasar de una producción por hectárea de 650 litros a 1.600 litros.
El café, la leche, el algodón, entre otros, son productos clave para el campo y esta economía, pero su poca tecnificación, la informalidad, la baja productividad y pobre rentabilidad, tienen a estos productores al borde del abismo.