Lo que comenzó como una observación en el exterior terminó convirtiéndose en un proyecto que une ciencia, producción y salud. Tras descubrir que en países como Italia y China la leche de burra se utiliza como alternativa nutricional para personas con alergias, un investigador cordobés decidió replicar la experiencia en Argentina y adaptarla a la realidad local.
El emprendimiento funciona en la Estancia Yucat, a pocos kilómetros de Villa María, Córdoba, y se consolidó como una iniciativa productiva y científica orientada a cubrir una necesidad poco atendida: la alimentación de niños con alergias a proteínas presentes en la leche de vaca u otros lácteos tradicionales.
La leche de burra es considerada un alimento hipoalergénico y de alta biodisponibilidad, con una composición que se asemeja a la leche materna. Por ese motivo, especialistas y familias la valoran como una opción clave para casos complejos de alergias alimentarias, especialmente en la primera infancia.
Desde el equipo que impulsa el proyecto destacan que el impacto va mucho más allá de lo productivo. A lo largo de los últimos años, la leche llegó a familias de distintas provincias del país, incluso en situaciones críticas. Uno de los casos que marcó al grupo fue el de un bebé internado en Salta, con una alergia severa, que logró mejorar tras recibir leche de burra enviada especialmente desde Córdoba durante varios meses.
“El club de fans son las madres”, reconocen desde el proyecto, al explicar que el boca a boca y la experiencia directa de las familias fueron claves para su crecimiento. Sin embargo, también advierten que el principal obstáculo no es técnico ni productivo, sino normativo.
Según explican, el marco regulatorio actual no contempla con claridad a la leche de burra como alimento, lo que dificulta su registro y comercialización a mayor escala. “No es un medicamento, es un alimento natural”, remarcan, y aseguran que una adecuación de la normativa permitiría reducir costos, ampliar el acceso y generar nuevas unidades productivas en distintas regiones del país.
Más allá de las dificultades, el equipo ve un enorme potencial a futuro. La posibilidad de escalar el modelo permitiría no solo abastecer el mercado interno, sino también posicionar a la Argentina como proveedor de un alimento funcional con creciente demanda a nivel internacional.
Con conocimiento científico, recursos naturales disponibles y una necesidad sanitaria concreta, el proyecto de leche de burra se consolida como un ejemplo de innovación agroalimentaria con impacto social, demostrando que el vínculo entre el campo y la salud puede transformar realidades.






