La leche ocupa un lugar central en la alimentación de millones de personas por su aporte de calcio, yodo y proteínas de alta calidad. Sin embargo, en los últimos años se intensificó el debate sobre si la elección entre leche entera, semidescremada o descremada puede influir en la salud cardiovascular.
Según especialistas citados por Infobae, todos los tipos de leche conservan sus nutrientes esenciales, ya que el calcio y las proteínas se encuentran en la fracción acuosa del lácteo. Así lo explica la Asociación Dietética Británica, que sostiene que reducir la grasa no implica una pérdida relevante de micronutrientes.
Desde el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, remarcan que la principal diferencia radica en el contenido de grasa saturada, mayor en la leche entera. Un consumo elevado de este tipo de grasa puede aumentar el colesterol en sangre y, con ello, el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.
Diversos estudios analizaron este vínculo. Investigaciones publicadas en The American Journal of Clinical Nutrition indican que las asociaciones entre consumo de leche y enfermedad cardiovascular varían según el tipo. En general, las leches bajas en grasa se asocian con menor riesgo de mortalidad y eventos cardíacos.
Un amplio estudio noruego, difundido en el Journal of Clinical Nutrition, siguió a casi 74.000 personas durante más de tres décadas. Los resultados mostraron que quienes consumían más leche entera presentaban un 22% más de riesgo de mortalidad total y un 12% más de riesgo cardiovascular frente a quienes elegían opciones reducidas en grasa. En contraste, el consumo de leche descremada o semidescremada se asoció con una reducción del riesgo.
No obstante, el profesor Walter Willett, de la Universidad de Harvard, advierte que el efecto de los lácteos sobre el corazón puede ser “neutral” si se los compara con otros alimentos de la dieta. El beneficio de cambiar leche entera por descremada existe, pero suele ser modesto, y depende del contexto alimentario general.
Las versiones semidescremada y descremada aportan menos calorías y grasa saturada, pero mantienen proteínas y minerales, lo que las convierte en una opción adecuada para quienes buscan controlar el peso o reducir el colesterol. Además, los expertos aclaran que no se trata de productos ultraprocesados, sino de lácteos sometidos a procesos mecánicos simples como la eliminación parcial de grasa y la pasteurización.
En conclusión, los especialistas coinciden en que el patrón alimentario global es más importante que la elección aislada de un tipo de leche. Priorizar frutas, verduras, proteínas de calidad y moderar las grasas saturadas permite integrar la leche —entera o descremada— de forma saludable, ajustándola al estilo de vida y a las necesidades individuales.
Fuente:
Infobae – https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/01/06/la-eleccion-entre-leche-entera-y-descremada-impacta-en-la-salud-cardiaca/






