A pesar de su reciente mala reputación, la ciencia reivindica el papel de la lactosa en la salud humana.
Este disacárido, compuesto por glucosa y galactosa, desempeña funciones fisiológicas clave en quienes no presentan intolerancia diagnóstica. Uno de sus beneficios más destacados es que aumenta la solubilidad del calcio, el magnesio y el zinc en el intestino, facilitando su absorción para fortalecer la salud ósea.
Además, la lactosa actúa como un prebiótico natural al servir de sustrato para bacterias beneficiosas como las Bifidobacterium, mejorando el equilibrio de la microbiota. Su bajo índice glucémico permite un aporte energético sostenido sin picos de insulina, mientras que la galactosa resultante de su digestión es esencial para el desarrollo del sistema nervioso central y la mielinización cerebral.
Los expertos advierten que eliminarla de la dieta por moda puede ser contraproducente, ya que la falta de exposición prolongada podría disminuir la producción de la enzima lactasa en el organismo, reduciendo la tolerancia funcional de forma innecesaria.
Fuente: Infobae México






