Y a mediodía, algunas de las existencias empezaron a escasear, según contrastó este periódico, que se desplazó hasta el supermercado al filo de las tres de la tarde. En ese momento, ya no quedaba ni un solo litro de leche en las estanterías. Es más, tampoco había ni un cartón en el almacén, tal y como confirmó un empleado del establecimiento, antes de apuntar que, a pesar de haber reforzado el suministro, se había agotado todo el género a lo largo de la mañana. Lo mismo ocurrió con otros productos. Muchas estanterías de la frutería estaban prácticamente vacías; y también había escasez en la sección de conservas, en las neveras de yogures, en la zona de los huevos, pastas, legumbres, aceites y sobre todo en la de utensilios de limpieza.
El papel higiénico se ha convertido en uno de los artículos más demandados en estos tiempos de crisis sanitaria, y tampoco había desinfectantes para las manos. La población también está reforzando en sus casas las provisiones de agua y otras bebidas, así como de embutidos y productos precocinados. De hecho, en este departamento, apenas quedaban ayer a mediodía unos envases de mortadela y algunos quesos.
En las instalaciones la actividad era frenética. Los carros hasta arriba de productos no dejaban de circular por los pasillos y todas las cajas estaban funcionando (a una hora en la cual habitualmente la mayoría están cerradas). Algunas familias llevaban hasta dos carros, algunos abarrotados de envases de carne. “Lo congelamos todo y ya se irá consumiendo poco a poco. Es mejor prevenir que curar”, señalaba una mujer a una amiga.