Vacalín funciona como un genérico que monopoliza la industria hasta lo impensado. Es un motor total y absoluto dentro del rubro. Conclusión apresurada: qué poco sabemos de alfajores… ¡Qué poco de un dulce típicamente nuestro!
¿Acaso es necesario saber que comemos Vacalín con Havanna, Vacalín con Guaymallén, Vacalín con ¡Jorgito!, ¡¡con Fantoche!!, ¡¡¡con Cachafaz!!!?
O sea, cuando comemos un alfajor, básicamente comemos Vacalín. Ese dulce de leche está presente en casi todas las marcas. Más que un dulce de leche, una deidad genérica. Un ingrediente de más, un ingrediente de menos, pero se trata de una huella que tiene principios al estilo Groucho Marx: no existe receta única como pasa con la Coca Cola. Nada qué ver. “Cuarenta y seis fórmulas distintas sin que por ello se modifique su calidad”, nos dicen en un local de este dulce de leche donde hay que hacer fila para entrar.
Los ajustes de sabor son tan sutiles que el hombre de a pie no es capaz de apreciar. Algún producto natural para que dulce de leche dure más. O para cambiar la consistencia. O para mejorar la humedad. Eso es todo. “Al requerimiento del cliente”, comentan estos fabricantes abiertos y convencidos de que cambiar es crecer.
Más de la mitad de los alfajores que se te vengan a la cabeza llevan Vacalín en su interior. En otras palabras, sin saberlo, uno entiende más de Vacalín que de cualquier otra cosa. ¿Dicho de otro modo? Comemos esta marca o aquella, pero siempre comemos Vacalín.
Nos dicen que esta fábrica tiene un perfil bajísimo. Es de esas que pregonan el “boca a boca”. En la fábula de Esopo, Vacalín sería la tortuga, así que no los vamos a molestar. Su dueño, un tal Rodríguez, es un hombre que esconde el monopolio del gusto detrás de uno de esos apellidos de guía de teléfono. Respetaremos esa voluntad tan huidiza como universal.
Vacalín está en el sinnúmero de alfajores semanales que hace Guaymallén. Entre paréntesis, ¿sabías que en la Argentina se comen cuatro millones de alfajores por día? Hugo Basilotta, dueño de Guaymallén, habla de su “caviar” por las redes sociales. Todos los días a las 6 AM está firme junto a la línea de producción de su conocido producto.
“Sí, efectivamente usamos el mismo dulce de leche que prácticamente utilizan todos los alfajoreros. Y lo usamos porque es el mejor de todos”, admite este empresario fanático de Vélez. “Lógicamente cada fábrica tiene su fórmula, pero el dulce de leche que usa Guaymallén no difiere en casi nada con el de Havanna. Nosotros tenemos 75 años y Havanna es un poco más joven. Cuando Havanna se vendió a grupos económicos empezó a trabajar de otra manera. Claro, una cosa son las empresas familiares y otra, los grupos económicos. Igual reconozco que Havanna tiene un mejor chocolate que Guaymallén, aunque la galletita que hacemos, la tapa de alfajor, es mejor la nuestra”.

Hugo Basilotta, de Guaymallén. “Usamos el mismo dulce de leche que prácticamente utilizan todos los alfajoreros”. Foto Emiliana Miguelez.
Lo cierto es que Vacalín viene militando su relleno desde antes de que Havanna se vendiera a distintos grupos económicos. Desde los viejos dueños hasta la poco artesanal gestión del Exxel Group, esa viene siendo la marca del dulce de leche. “En Vacalín aseguran que acompañaron a los Havanna en todos los cambios de dueños”, cuenta Sainz. Y algo más: “Los dueños nuevos nunca les pidieron bajar la calidad del producto”.
Oro y Charcas. Local de Vacalín.
-¿Me das un dulce de leche de los que usan para el Guaymallén?
-No tenemos.
-Entonces dame el que se usa para los alfajores Havanna.
-Tampoco tenemos. Vacalín usa 46 fórmulas y de esa cantidad sólo tres le vendemos al público. El resto son especialmente diseñados para cada empresa.
-¿Y las tres que venden de qué alfajores son?
-De las tres que vendemos, ninguna se usa como relleno de alfajor.
-O sea que ustedes venden el sabor original…
-Exacto. Y dice “original”.
La soltura de Basilotta es anómala en el mundo de los negocios: “Nosotros fallamos un poco en el chocolate, porque está hecho a base de aceite vegetal hidrogenado y cacao. Havanna utiliza manteca de cacao. Vacalín tiene su dulce para cada fábrica, pero finalmente el dulce de leche sólo es azúcar, bicarbonato de sodio, esencias… El tema de los precios es nada más que parte de un manejo empresarial. Havanna utiliza la gran marca que tiene, y nosotros somos un producto popular que comen todas las clases sociales”.
Facundo Calabró tiene el remate en su boca de catador: “Vacalín ha sobrevivido a todo y a todo sobrevivirá, silenciosa, discretamente, mientras siga propagándose en el anonimato y mientras dos tapas inertes aguarden la sustancia que las traiga a la vida. Es Vacalín la empresa láctea que concentra más del 50% de la producción del dulce de leche utilizado por las grandes compañías de alfajores, y el 25% de todo el dulce de leche fabricado a nivel nacional”.
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