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30 Ago 2025
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Investigaciones confirman beneficios cardiovasculares de consumir lácteos.
Nuevo consenso: lácteos protegen el corazón

Una década de evidencia científica desmiente que los lácteos aumenten el riesgo cardiovascular; por el contrario, los estudios demuestran que, en la dosis adecuada, son aliados clave para la prevención.

Durante muchos años, los lácteos fueron percibidos como un riesgo para la salud del corazón debido a su contenido de grasas saturadas y colesterol. Sin embargo, la ciencia ha dado un giro radical. Un nuevo consenso científico, respaldado por más de 1.500 estudios, derriba este antiguo mito y posiciona a la leche, el yogur y el queso como aliados importantes en la prevención de enfermedades cardiovasculares. La evidencia más reciente demuestra que, lejos de ser perjudiciales, los lácteos pueden reducir los factores de riesgo y proteger el sistema circulatorio.

La clave de este cambio de paradigma reside en lo que los especialistas llaman el “efecto matriz”. Este concepto postula que la leche no debe ser analizada por la suma de sus componentes, sino como un entramado complejo donde sus nutrientes, como proteínas, minerales y vitaminas, interactúan y modifican sus efectos en el organismo. Gracias a esta interacción, la grasa láctea no tiene un impacto lineal. Estudios recientes han mostrado que el consumo de lácteos no eleva el colesterol LDL —el considerado “malo”—, y puede incluso favorecer el aumento del HDL, el colesterol “bueno” que protege las arterias.

Los beneficios de los lácteos para la salud cardiovascular se manifiestan a través de múltiples mecanismos complementarios. Uno de ellos es el control de la presión arterial: durante su digestión, las proteínas lácteas liberan péptidos que actúan como inhibidores naturales de una enzima clave en la hipertensión. A esto se suma el aporte de minerales como calcio, potasio y magnesio, que son esenciales para mantener la elasticidad de los vasos sanguíneos y evitar que la presión se eleve.

Además de su impacto en la presión, los lácteos contribuyen a mejorar el perfil lipídico y a reducir la inflamación crónica. La grasa láctea contiene compuestos beneficiosos como los ácidos grasos de cadena impar y trans-palmitoleico. Por otra parte, la membrana que recubre el glóbulo graso de la leche ayuda a limitar la absorción intestinal del colesterol. Este efecto se ve reforzado, en el caso de los lácteos fermentados, por la acción de bacterias probióticas que modulan la microbiota intestinal, reducen la inflamación sistémica y mejoran la función de las arterias, un factor clave en la prevención de la aterosclerosis.

El consenso científico concluye que el consumo moderado de entre dos y tres porciones diarias de lácteos se asocia a un menor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad coronaria. Se destaca el valor de los lácteos fermentados, como el yogur y el queso, que concentran gran parte de la evidencia positiva. La recomendación de los especialistas es clara: integrar estos alimentos en la dieta diaria, sin temer a sus grasas, y acompañarlos de una alimentación variada y equilibrada para obtener una protección completa para el corazón.

 

Fuente: Diario Lechero

 

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