De la mano de la crisis y el avance de la pobreza un nuevo tipo de lácteos ganó terreno: los “rebajados” o “ultra low cost”. Productos baratos que se parecen a la leche, el yogur, el queso o la manteca. Pero no lo son, por no alcanzar el mínimo legal de materia prima como para ser llama dos así. Y tampoco nutren igual.
Tanto que muchos consumidores recién se enteran de lo que compra ron al probar el producto y notarlo extraño: con sabor y textura dife rentes, o como si estuviera aguado.
La letra chica del envase revela el motivo. Lo que lucía como leche común, saborizada o chocolatada en realidad es definido como una “bebida láctea” con leche. Y lo que parecía yogur bebible no incluye esa palabra: figura sólo como un “alimento lácteo” o una “bebida láctea fermentada”.
Giraudo expuso que “hay que diferenciar porque los lácteos son productos hechos a base de leche, que debe ser de la glándula mamaria animal”, descartando que otros extractos vegetales que se hacen llamar “leche” sean considerados así. “Todo producto que no tenga mayoritariamente presencia de leche no puede llamarse lácteo, si no es así, se los debe nombrar de otra forma”, indicó.