El alza de los combustibles en los mercados internacionales tracciona al alza el precio de los commodities lácteos, pero eleva simultáneamente los gastos operativos de recolección y secado, tensionando los márgenes de las empresas locales.
La dinámica de los mercados globales ha vuelto a conectar dos variables críticas para la economía de Uruguay: el precio del crudo y el valor de la leche en polvo entera (LPE). Si bien un petróleo caro suele correlacionar con valores más altos en las subastas del Global Dairy Trade (GDT), el impacto en la estructura de costos interna de las unidades productivas y las plantas industriales genera un escenario de incertidumbre.
La correlación Petróleo – Leche en Polvo
Históricamente, el precio de la leche en polvo ha seguido la tendencia del petróleo por dos vías principales:
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Demanda de países exportadores de crudo: Mercados como Argelia, Nigeria y los países del Golfo, al recibir mayores ingresos por petróleo, incrementan sus compras de lácteos, presionando el precio al alza.
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Costos logísticos y de fertilizantes: El petróleo es el insumo base para el transporte de materia prima y la fabricación de fertilizantes nitrogenados, lo que encarece la oferta global de leche.
El dilema de la industria local
Para el sector industrial uruguayo, este escenario es un arma de doble filo:
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Ingresos por Exportación: La subida de la LPE mejora los ingresos brutos de las compañías exportadoras, permitiendo, en teoría, sostener mejores precios para los establecimientos especializados.
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Presión de Costos: El aumento del gasoil impacta de inmediato en las rutas de recolección de leche desde los predios hasta las plantas. Además, el proceso de deshidratación (secado) de la leche es electro-intensivo y depende de los costos energéticos, lo que erosiona el beneficio obtenido por el mayor precio de venta.
Impacto en la remisión y márgenes
Las unidades de producción en Uruguay ya enfrentan un incremento en el costo de los fletes y de los insumos dolarizados. Si el alza del petróleo no se traduce en un salto proporcional y sostenido en los remates internacionales de lácteos, la industria podría verse obligada a ajustar sus márgenes, limitando la capacidad de derrame hacia el eslabón primario.
Desde el sector analizan con cautela los próximos movimientos de la OPEP+ y las licitaciones de Fonterra, ya que de ese equilibrio dependerá la competitividad de la zafra 2026 en el Cono Sur.
Fuente: Ámbito






