En el restaurante de un hotel de la isla sureña de Hainan puede leerse un cartel que avisa a los clientes que si dejan comida en el plato se les cobrará 200 yuanes (unos 30 dólares) por el equivalente a 500 gramos de sobras para armar la vianda que deberán llevar obligatoriamente a su casa.
Esa acción –descabellada para los estándares occidentales– es parte de una política implementada recientemente por el gobierno central chino, la cual fue denominada “Platos Limpios” (Clean Plates).