“Sin presupuesto para estudios de naming o para publicitarios haciendo brainstorming mientras juegan al metegol, a la hora de elegir un nombre los empresarios del conurbano apelan a métodos más heterodoxos. Vamos con hilo de las historias más insólitas de marcas ‘made in GBA'”. Así arranca el periodista Alfredo Sainz -editor en el diario La Nación- su más reciente hilo de Twitter. Con más de 5.000 likes, 2.000 RT y 200 interacciones, es un pequeño fenómeno de esta semana en materia de redes sociales. Tiene con qué: a lo largo de varios tuits, Sainz recorre las ideas bizarras y la falta de planificación que dieron origen a algunas de las marcas argentinas más conocidas.
Sin presupuesto para estudios de naming o para publicitarios haciendo brainstorming mientras juegan al metegol, a la hora de elegir un nombre los empresarios del conurbano apelan a métodos más heterodoxos. Vamos con hilo de las historias más insólitas de marcas “made in GBA” pic.twitter.com/XLKHYZEKbA
— Alfredo Sainz (@alfredosainz) 24 de junio de 2019
También se refiere a una gaseosa muy popular en el Gran Buenos Aires, de nombre realmente insólito: La Bichy Ahora. “100% conurbano es el caso de la gaseosa La Bichy Ahora, la segunda marca de Manaos. La empresa tenía una marca llamada Beach (playa en inglés) pero en los chinos todo el mundo la pedía como Bichy. Cansados del malentendido, decidieron rebautizarla como La Bichy Ahora”.
Sobre Marolio, Sainz explica: “Marolio es otro acrónimo de creatividad conurbana. Antes de ser comprada por Maxiconsumo, la marca fue fundada por Omar Marvaso que tomó la primera sílaba de su apellido y le sumó el ‘olio’ aceitoso. Del nombre al hit ‘Marolio, qué óleo!’ era solo un paso”.
La seguidilla de productos gastronómicos termina con Tregar, la empresa de lácteos, que “nació en Santa Fe pero comparte el espíritu conurbano”, asegura. “La láctea fue fundada por tres socios de apellido García y cuando tuvieron que elegir nombre se inspiraron en el modelo SanCor (o Brangelina) y le pusieron TreGar”.
Otros casos
Tomás Balmaceda y Martín Auzmendi, periodistas y autores de diferentes contenidos relacionados a las golosinas más emblemáticas de Argentina, detallaron en esta nota el surgimiento de la marca de alfajores Fantoche. Todo empezó con la adquisición de unas máquinas panificadoras por parte de uno de los socios de la familia fundadora (los Diéguez): “Las máquinas llevaban inscripta la palabra ‘Fantoche’ y decidieron utilizarla para bautizar la marca. Y así, al igual que con tantas otras que después se volvieron muy populares, su nombre tuvo más que ver con el azar que con un estudio sobre branding. A los primos les gustó el sonido de la palabra, que incluía el muy argentino ‘che’, y que significaba ‘payaso’ en italiano”.
Los helados Pirulo, muy exitosos hace más de diez años en el conurbano bonaerense, también forman parte del grupo de productos que esquivaron las estrategias de marketing. “Flores (Carlos, dueño de la cadena) explica que se basó en un viejo comercial de Aurora Grundig que utilizaba como slogan la frase ‘usted puede elegir marca Pirulo o marca Grundig’ -publicaba, en 2005, La Nación-. Aunque asegura que para poder vender el kilo de helado a 7 pesos hay que ahorrar en publicidad”.