La cadena lechera enfrenta un fuerte malestar en el sector productor tras el anuncio de una baja significativa en el precio pagado por litro de leche en tranquera, que los tamberos califican de “inasumible” en un contexto de costos crecientes y márgenes cada vez más estrechos. Según informó Agroinformación, esta disminución se da en paralelo a un mínimo histórico de 8.749 ganaderos lecheros, lo que evidencia la presión estructural sobre la base productiva.
Productores y organizaciones del sector han señalado que la caída en el precio de leche no solo erosiona los márgenes operativos, sino que agrava un problema de fondo: la salida de tambos del negocio por falta de rentabilidad. La cifra actual de entregadores —8.749 productores— representa el número más bajo en años, reflejando un proceso continuo de concentración productiva y de cierre de unidades productivas familiares o de mediana escala.
El malestar de los tamberos se intensifica frente a un escenario donde los costos de producción —incluyendo alimentación, energía, insumos veterinarios y logística— no dejan de crecer, al mismo tiempo que el retorno económico por cada litro de leche se reduce. Esto, según productores, dificulta la inversión en mejoras productivas y amenaza con disminuir la capacidad competitiva del sector frente a mercados externos y opciones importadas.
Representantes del gremio vacuno y asociaciones técnicas han exigido a industrias y autoridades mecanismos de ajuste de precios más transparentes y equitativos, así como políticas públicas que acompañen a los tamberos en un contexto de volatilidad y riesgo productivo. Entre las propuestas se discuten instrumentos de compensación, escalas ajustadas por costos y visibilidad de la cadena de valor para evitar que la leche en tranquera se descuadre de los costos reales de producción.
Este episodio se suma a un patrón más amplio de presiones económicas en la producción primaria, que ya ha sido observado en distintos países de la región y que combina factores locales como ajustes de mercado interno, competencia de importaciones y estructuras de costos desafiantes. La consecuencia más inmediata es la disminución continua de tambos, una señal de alerta para la sustentabilidad futura de la lechería a nivel regional y su capacidad de responder a demandas de mercado interno y externo.





