A mis hijos de seis años les gusta mucho jugar un juego, lo llaman el mundo del revés, y se plantean cómo serían las cosas en ese hipotético mundo donde las reglas se dan vuelta. Así me dicen frases como esta “te imaginás si viviésemos en el mundo del revés, ahí los pacientes operan a los cirujanos” o “a la noche saldría el sol y dormiríamos de día”. Uno le sigue el juego, y generalmente los almuerzos familiares terminan siendo novelas de Ciencia Ficción donde las reglas que rigen nuestra cotidianidad desaparecen.
Pero a veces, los juegos de niños se vuelven reales, o por lo menos algunos lo pretenden. El tan mentado Plan SanCor, que venimos anticipando desde mucho antes que el tema Vicentín lo pusiera en el debate público, nos enfrenta a la posibilidad de que algunos vivamos en el mundo del revés, y las palabras como se presentan los hechos, valgan más que los hechos mismos.
Así, por ejemplo, de lo que venimos hablando hace meses no es un rescate con dinero a una empresa que pierde plata todos los meses, no paga los sueldos completos y le debe a cada santo una vela. Es una inyección de capital de trabajo para mejorar la rentabilidad.
Pero como si esto no alcanzara, esa capitalización se haría con dinero público y de los privados que son acreedores ¿Y la Cooperativa qué aportaría? Su nombre, su historia, el personal, las platas que tiene, pero eso sí, quiere mantener el control operativo y financiero. Sí, los que manejaron tan exitosamente los destinos durante los últimos 20 años serán los garantes de que funcione bien esta nueva empresa bajo el famoso fideicomiso que se formaría.
Hagamos una pausa. Imaginemos una situación de ese mundo al revés, algo así como que yo tenga un negocio con dos sucursales, me está yendo mal, debo mucha plata, para pagar lo que debo vendo una de las sucursales a un amigo que tiene un buen pasar. Pese a que vendí esa parte del negocio, sigo perdiendo plata, y voy a verlo a mi amigo, pero en este caso, no para venderle la sucursal que me queda, porque me niego a perder mi negocio, así que le pido plata. Él está bien económicamente, así que me la presta, pero no come vidrio, y me pide más intereses que los que me pediría un banco, pero claro, yo soy deudor moroso y no puedo ir a un banco, así que acepto ese dinero con sus intereses.
Pasan los años, sigo perdiendo plata, no puedo pagar los sueldos, cada tanto me cortan la luz, entonces lo voy a ver a mi amigo, necesito plata, pero el no me va a prestar, no le pude devolver ni los intereses de la que ya me dio, pero le llevo un negocio que no va a poder rechazar, que me devuelva la sucursal que me compró, se convierta en mi socio, así se puede cobrar la deuda que tengo con él. Eso sí, el negocio lo quiero seguir manejando yo, que tan bien lo hice todos estos años.
Algo así sería la idea de que BAF, uno de los grandes acreedores, reincorpore la línea de frescos que tiene ARSA, y por la que se pagaron 100 millones de dólares. Que la reincorpore a la Cooperativa para que ésta sea más rentables. Desde SanCor dicen que así tendrían más chances de cobrarse la deuda.
Pero como me niego a vivir en el mundo del revés sin hacerme preguntas, me planteo, ¿BAF dejaría que los que conducen hoy SanCor manejen esta futura empresa, está dispuesto a ver duplicada la deuda que la Cooperativa tiene, o en Sunchales pretenden no pagar por el retorno de los frescos?
Podríamos seguir preguntando, pero en el mundo del revés todo es posible, así que me rindo a seguir aplicando la lógica cotidiana.