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4 Abr 2025
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4 Abr 2025
Con el anuncio del presidente de la República, Luis Lacalle Pou, de que comenzarán las negociaciones entre Uruguay y China para la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC), se abre un nuevo capítulo en la historia comercial del país.

Se estará dejando atrás la inercia de irresolución del Mercosur y se sentará a negociar con la segunda principal potencia del mundo, quien es el destino de más de 30% de las exportaciones.

Para el sector primario es una excelente noticia porque, de cristalizar, implicaría una mejora en las condiciones de acceso de los principales rubros que Uruguay exporta. Sin dudas, la noticia más trascendente de los últimos años. La mayoría de los productos agroindustriales tiene como principal destino al mercado chino y para muchos otros, caso de la leche en polvo entera, es el segundo principal importador.

Gonzalo Oleggini, experto en comercio internacional, en Valor Agregado, de radio Carve, dijo que usualmente las negociaciones por un TLC llevan un año y medio. Si eso se cumple, sobre principios de 2024 se podría estar firmando el acuerdo. Sería un hito para la producción primaria uruguaya.

China no es un país cerrado a la importación de alimentos. Más bien lo contrario, tiene aranceles que, en general, son relativamente bajos si se comparan con los de otros importadores, a la vez que tiene una vocación por hacer acuerdos comerciales con grandes exportadores de productos alimenticios para mejorar las posibilidades de importación a bajo costo. Por supuesto, un TLC no sale gratis para todos los sectores de los países que lo firman, más aún en el caso de Uruguay, un pequeñísimo país comparado con la enormidad del gigante asiático. Pero en el caso de los productos agroindustriales, tienen todo para ganar.

Un tren chino para los lacteos uruguayos1

En el primer semestre de 2022 Uruguay exportó productos lácteos por US$ 403 millones, de acuerdo con datos de Aduanas. El principal destino es Argelia con US$ 126 millones (31,2%), en tanto que China es el segundo con US$ 63 millones (15,6%) y Brasil completa el podio con US$ 51 millones (12,7%).

El 90% de lo exportado a China es leche en polvo entera, producto que paga 10% de arancel. El importador, por lo tanto, además de pagar el valor FOB del producto y el costo del transporte, agrega un adicional de 10% sobre la suma de ambos que debe depositar en el fisco chino.

El importador hace la cuenta en base al precio al que puede colocar el producto en el mercado interno. Ese precio de venta debe incluir, además de su ganancia, todos los costos en los que incurre hasta que el producto llega a destino. Si, TLC mediante, esa tasa de 10% ingresa en un gradual camino de contracción hasta llegar a 0% —como ha sido en el caso de Nueva Zelanda— el costo de importación se reduce. El importador podrá vender más barato el producto al mercado interno y/o pagar más caro donde lo compra. Sea cual sea el caso, hay un costo que deja de formar parte del negocio, lo que mejorará en mayor o menor medida las ganancias de quienes participan de mismo.

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