La empresa se mueve a fuerza de 50 empleados entre los que se encuentran la tercera y cuarta regeneración de la familia, que para Fernando Canut, socio gerente y presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Industrias Lecheras (Apymil) son “el gran valor de la empresa”. Un trabajador de Canut permanece en su puesto, en promedio, 17 años. En los tiempos del desarraigo, ello parece una utopía.
El modelo de negocios se contrapone a la lógica de las grandes compañías lácteas. El abastecimiento de la materia prima proviene, en parte, de un tambo perteneciente a la misma familia y el resto es adquirido en pequeños establecimientos que valorizan el trabajo lechero de la región.
El presidente de Apymil sostiene que las pymes lácteas son el gran soporte económico de los pequeños y medianos tambos del país. “Para llevar adelante nuestra producción, visitamos 30 tambos pequeños por día cuando las grandes compañías visitan un solo megatambo altamente tecnificado que no provee tanto empleo como los pequeños”, dijo.
En su abastecimiento, la pyme con depósito en Rosario y producción en Roldán utiliza doce vehículos propios. La familia sostiene que este método supera en eficiencia y rapidez a cualquier empresa logística y con ellos, cubren 300 kilómetros diarios en todas las direcciones santafesinas.
Por cada 1.000 litros de leche la empresa utiliza un empleado mientras las corporaciones lácteas lo hacen cada 20.000 litros. “Ello quizá nos propine mayores costos de producción pero nos da, por seguro, la mayor calidad del mercado”, señaló el socio gerente.
La pyme instaló una planta de tratamiento aeróbico para sus afluentes. El “agua blanca”, residuo de la producción, ingresa en aquella planta que permite reducir el nivel bacteriano alojado en el líquido y dotarlo de uso comunitario.