El jueves 6 de julio, cuando ya se habían retirado todos los trabajadores de Quescor, una fuerte detonación se sintió en el lugar, arrasando con su onda expansiva todo a su paso.
Un planchero que estaba en las inmediaciones avisó a los dueños, Karina Vignetta y Martín Ghigo. “Cuando llegamos -fue al instante-, sentí que se me abría el piso, fue una gran desolación ver la fábrica que fundaron mis padres hace 30 años, de la que dependen 22 familias; sin techos, sin puertas y entre escombros”, dijo Vignetta a El Diario Rural.
Informó que la deflagración ocurrió en la cámara de oreo, “en el corazón de la planta, donde está el saladero y la mercadería para envasar”. “Y la onda expansiva fue tan fuerte, que se llevó todo a su paso”, agregó.
El siniestro hizo volar el techo del lugar de la explosión, pero también el de la sala contigua, que es de mampostería y casi todas las aberturas. Estiman que en mercadería perdieron unos 20 millones de pesos y en lo que hace a lo edilicio, están realizando un relevamiento. “Estamos viendo si arreglamos o arrancamos de cero, haciendo una sala de producción nueva”, dijo.
Sobre el daño, explicó que casi todas las pérdidas son en productos y en estructura. “Creemos que las máquinas van a estar operativas cuando podamos poner la planta en funcionamiento”, anheló.
“En definitiva, si bien es un hecho grave el que sufrimos, agradezco a Dios que no tenemos que lamentar más que pérdidas materiales. No sé si hubiéramos podido volver a empezar si alguien hubiera sido dañado”, dijo. “Esto, el saber que es todo material, nos permite enfocarnos en hacer borrón y cuenta nueva”, agregó.
Agradecida
Pese al difícil momento vivido, la familia de Quescor agradece toda la solidaridad que llegó tras el siniestro.
Por un lado, agradeció a las autoridades del Gobierno local a través del intendente, provincial, porque al teléfono estuvieron los ministros de Agricultura e Industria para expresar el apoyo y hasta de la Nación, porque el mismo secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, estuvo visitando la planta para conocer la magnitud de los daños y ofrecer el apoyo a la Pyme láctea afectada por el siniestro.
“Al secretario le dijimos que tenemos 22 familias que dependen del empleo de la fábrica. Son empleos de calidad, con los salarios de Atilra que les permite a cada uno tener no solo un trabajo, sino un proyecto de vida”, indicó.
Por otra parte, también valoró a los tamberos que le proveen la materia prima para elaborar sus quesos. “El productor viene de años de agricultura muy bravos y los estaba salvando la lechería. No queremos afectarlos a ellos”, agregó.
Por eso le pidió al funcionario que, si hay una ayuda económica para atravesar la coyuntura, sea para los salarios y para los proveedores de leche.
“Estamos haciendo todos los trámites y si bien hay mucha predisposición de todos los organismos, lo que siempre se agradece, hay algunas cuestiones burocráticas que resolver”, señaló.
Volver a empezar
Como aspectos positivos destaca que la cámara de productos terminados se salvó de la explosión, lo que les permite seguir cumpliendo con los compromisos comerciales ya asumidos. “Y otra cosa que quiero decir es el gran agradecimiento hacia los colegas de la zona. Algunas Pymes nos generan productos a fazon, otras compran la leche, lo que nos permite seguir recibiendo y seguir cumpliendo con los compromisos gracias a la solidaridad de otras Pymes lácteas”, indicó. “Creo que algo bien debemos haber hecho para recibir tanto”, planteó.
Karina y su esposo Martín decidieron no bajar los brazos. Esperan que en el corto plazo puedan poner en marcha al menos una parte de la planta para volver a producir. “Aunque sea en espacios más reducidos, espalda con espalda, pero vamos a seguir trabajando”, indicó.
La planta tiene una capacidad para producir hasta 40 mil litros diarios y se aboca a la elaboración de quesos de pasta blanda, dura y semidura. Además de la nueva línea de cremas y quesos crema que tiene un gran crecimiento comercial.
“Coraje no nos falta ni a mí ni a mi marido. Así que vamos a volver a empezar”, concluyó.