Si alguien sabe de crisis en el sector lácteo es Jorge Sánchez, productor lechero y actual responsable de la firma Lácteos General Pinto, oriunda de la ciudad bonaerense que lleva ese mismo nombre.

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Su vínculo con esa producción se remonta a la década de 1930, cuando su padre armó un tambo con apenas cuatro vacas para vender leche en la ciudad, que posteriormente él heredó. El trabajo allí no fue fácil teniendo en cuenta que el pequeño emprendimiento se vio golpeado por los sucesivos vaivenes económicos que el país tuvo en el siglo pasado, y que terminaron por explotar en 2001.

“Las crisis nos fueron enganchando a las industrias lácteas. La del 2000 fue bastante violenta, yodos quedamos patas para arriba. En ese momento habíamos logrado escalar a 4.500 litros y nos enganchó la producción. Fue terrible”, recordó Sánchez en una charla con Bichos de Campo.

queso

A eso se le sumó una inundación que hizo caer la producción de leche a los 1.300 litros diarios. Ese desplome lo obligó a rearmarse desde cero y gracias a la ayuda de un socio acondicionó un garaje para poner en marcha una pequeña sala de fabricación de quesos.

“Gracias a dios pensamos en esa variante que nos permitió subsistir. Sin los quesos creo que tendríamos que haber vendido el campo. Fue muy grande el golpe. Ahora estamos atravesando de vuelta una crisis, que ojalá que dure poquito porque si no tendríamos que empezar de vuelta”, afirmó el productor.

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El primer nombre de esa firma fue “Doble S”, por la combinación entre el apellido de Jorge y el de su socio, el doctor Solís. Los primeros quesos se vendieron en el baúl del auto de Sánchez, a lo que luego le sumó la comercialización fraccionada en su propio domicilio.

“Era todos quesos artesanales. Con el tiempo crecimos y llegamos a vender en otras ciudades como Mendoza, algo que actualmente mantenemos”, afirmó el bonaerense.

El éxito de esos productos le permitió en dos décadas ampliar su portfolio y anexar la producción de crema, así como la fabricación de nuevas variedades de queso. Fue así que el negocio se amplio y se sumó la marca Lácteos General Pinto, que hoy se extiende por la provincia.

-¿Finalmente mantuvieron el tambo? ¿Lo pudieron escalar para aportar materia prima a la producción de quesos?

-Sí. Ahora estamos más o menos en 13.000 litros, pero hemos llegado a los 16.000. El año pasado se hizo una inversión importante donde armamos un patio de comida, con un piso de 300 metros de largo a dónde va el mixer que tira la comida. Tiene cuatro metros de ancho para que la vaca coma y una pendiente para que se vaya el agua cuando llueva. La idea es seguir creciendo y algún día llegar a las mil vacas. Hoy estamos mordiendo unas 500 más o menos. Toda la leche que producimos la observe la fábrica.

-Ya se mudaron del garaje, imaginamos.

-Sí, ya salimos. Ahora tenemos unas ollas modernas y unas tinas de 6500 litros, además de unas desnatadoras italianas que sacan muy bien la crema. Gracias a Dios hemos crecido bastante.

-¿Qué le dice a los tamberos que como usted deben estar renegando ahora por entregar la leche a una fabrica y que su valor dependa del humor de la economía del país? ¿Tiene algún consejo después de toda esta experiencia?

-Yo digo que si el tambero es muy chico, la alternativa de fabricar su producto y venderlo es muy buena. Ahora si es un tambo grande empiezan otros problemas como tener a cargo muchos empleados. El producto hay que venderlo y hay que fabricar sueldos para los empleados, para los aportes y para sobrevivir. Ahora por ejemplo estamos con la venta parada hace como tres meses porque la gente no tiene dinero y se come poco quesos. En estos momentos no es fácil y por eso digo que no hay que largarse a ser una industria. Al tambo chico le digo que sí.

 

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