De acuerdo con los datos publicados por el Observatorio de la Cadena Láctea Argenta (OCLA), el precio de equilibrio que debería tener el sector, que contempla la retribución al capital invertido y el efecto negativo de la sequía, asciende a 135 pesos.
En tanto, el valor promedio que las industrias pagaron a los tambos en julio fue de 107 pesos. Esto significa que el precio es 21% menor al costo de producir un litro de leche.
Los cálculos se hicieron en la previa a las elecciones PASO y, por lo tanto, a la devaluación del lunes siguiente, que incrementó costos en diferentes actividades y redujo los valores en dólares de todas las producciones.
En ese contexto sectorial, y teniendo en cuenta las perspectivas de cambio de gobierno y la posible actualización cambiaria que supuestamente haría quien asuma, los pequeños y medianos productores se las ven negras.
Para las industrias la situación tampoco es buena. El tipo de cambio oficial les resta competitividad exportadora y a eso se suman las limitantes internas a la venta de productos. La diferencia es que tienen en quién descargar esas ineficiencias resultantes de la crisis y del mal manejo macroeconómico de los funcionarios.
Pero el productor, que es el último eslabón de la cadena y el origen de la misma, es el que más sufre esta situación y por eso cada año hay menos tambos chicos, al tiempo que se profundiza la concentración.