En un análisis detallado sobre el estado actual de la cadena láctea, Ercole Felippa desmitificó la idea de una crisis terminal, aunque puso el foco en los problemas estructurales que impiden al sector despegar. Según el directivo, el principal desafío no es la falta de eficiencia productiva, sino el “costo argentino” que se traslada al mostrador.
La carga fiscal en la góndola
Felippa fue tajante respecto a la composición del precio final de los productos lácteos: “Casi el 40% de lo que paga un consumidor son impuestos”, afirmó. Esta distorsión impacta tanto en el consumo interno como en la capacidad de las empresas para competir en los mercados internacionales. Para el dirigente, reducir esta presión es fundamental para que los productos sean más accesibles y la industria gane competitividad.
¿Hay crisis en la lechería?
A contramano de los discursos más pesimistas, el titular del CIL sostuvo que no existe una crisis general, sino una situación de estancamiento prolongado. Si bien los volúmenes de producción se mantienen estables, Argentina no ha logrado los niveles de crecimiento de otros países competidores.
Entre los factores que explican este fenómeno, Felippa mencionó:
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Falta de crédito: La inexistencia de financiamiento a largo plazo impide la modernización tecnológica de los tambos y las plantas.
Asimetrías internas: Las dificultades que enfrentan las PyMEs lácteas frente a las grandes empresas en un contexto de costos crecientes.
Precios relativos: La constante tensión entre el precio que percibe el productor y los costos de los insumos (dolarizados en su mayoría).
El potencial exportador
Para el empresario cordobés, el futuro de la lechería argentina está en el mercado externo. Sin embargo, advirtió que para ser un jugador global relevante, el país necesita reglas de juego claras y una infraestructura logística que acompañe el esfuerzo de los productores e industriales.
Fuente: Letra P






