El histórico acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) parece haber entrado en su recta final. Según las últimas comunicaciones del Gobierno de España a los sectores productivos, la firma definitiva podría concretarse en apenas ocho semanas. Esta aceleración ha puesto en estado de alerta y preparación a las empresas, que deberán adaptarse a una apertura de mercados sin precedentes.
El sector lácteo en el centro del debate
Para la industria láctea de ambos bloques, el acuerdo representa un arma de doble filo:
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Desde Europa: Industrias como la española ven con cautela la entrada de quesos y productos industriales del Mercosur, aunque también identifican oportunidades para colocar productos de alto valor añadido (denominaciones de origen) en mercados con clases medias crecientes.
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Desde el Mercosur: Los grandes exportadores (Uruguay y Argentina) buscan un acceso real a la UE para sus proteínas lácteas, aunque se enfrentan a las estrictas normativas ambientales y sanitarias que Bruselas busca imponer como condición.
Un cambio en las reglas de juego
La movilización de las empresas españolas responde a la necesidad de anticiparse a los plazos de desgravación arancelaria y al reconocimiento de las Indicaciones Geográficas (IG). Este último punto es crítico, ya que podría limitar el uso de nombres de quesos europeos tradicionales en el Cono Sur, obligando a las industrias locales a un proceso de re-branding masivo.
El factor político y los plazos
A pesar de la resistencia de países como Francia, el bloque pro-acuerdo liderado por España y Alemania está presionando para que la ratificación no pase de mayo de 2026. El Gobierno español está activando mesas de trabajo para que las empresas conozcan de primera mano los protocolos de transición y puedan competir en igualdad de condiciones ante la llegada de los productos sudamericanos.
Fuente: Libertad Digital






