Los residuos de la industria láctea pueden convertirse en una fuente de energía para la propia elaboración de alimentos.
Una investigación desarrollada en una finca de Ubaté, Cundinamarca, Colombia, consiguió producir biogás combinando lactosuero y estiércol bovino y utilizarlo como fuente energética.
En las condiciones particulares estudiadas, el sistema mostró potencial para sustituir hasta el 100% del gas propano utilizado en la elaboración de queso.
La experiencia también consiguió reducir en 43,6% la huella de carbono asociada a la producción de queso en la finca.
Nueve kilos de lactosuero por cada kilo de queso
El proyecto busca resolver uno de los desafíos asociados a la elaboración de quesos.
En Cundinamarca, señalada por la fuente como la segunda región lechera de Colombia, por cada kilogramo de queso producido se generan cerca de nueve kilogramos de lactosuero.
Cuando este residuo no recibe un tratamiento adecuado puede terminar en ríos o suelos y generar impactos ambientales debido a su elevada carga de materia orgánica y nutrientes.
La investigación doctoral de Miguel Casallas, de la Universidad de La Sabana, buscó aprovechar ese subproducto junto con el estiércol generado por la actividad ganadera.
65% de lactosuero y 35% de estiércol
Después de analizar más de 100 muestras, los investigadores determinaron la combinación utilizada en el sistema: 65% de lactosuero y 35% de estiércol bovino.
La mezcla fue procesada en un reactor piloto de 8 metros cúbicos, donde microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno.
Tras tres meses de estabilización, el reactor comenzó a generar biogás, que fue utilizado como fuente de energía térmica en una vivienda de trabajadores de la finca y evaluado como sustituto del propano utilizado para elaborar queso.
Menos fertilizantes y otro ahorro para la finca
El aprovechamiento continúa después de obtener el biogás.
El digestato o “biol” resultante fue considerado seguro para su utilización como mejorador de suelos de destino pecuario. Los investigadores aclaran que no debe denominarse fertilizante, porque no reúne los requerimientos nutricionales correspondientes.
En la experiencia, su utilización permitió reducir hasta 50% el empleo de fertilizantes inorgánicos como la urea, con un ahorro estimado de US$ 410 mensuales para la finca.
Los investigadores advierten, sin embargo, que no existe una fórmula única. Temperatura, composición de los residuos, alimentación del ganado y presencia de sustancias que puedan interferir en el proceso obligan a adaptar cada biodigestor a las condiciones particulares del establecimiento.
Fuente: El Tiempo
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