¿Cuánto cuesta producir un yogur, un queso o un litro de leche?
La primera respuesta suele estar en la materia prima, la energía o la elaboración industrial. Pero existe otro costo que comienza cuando el producto abandona la planta y que puede tener un peso mucho mayor de lo que percibe el consumidor.
Es la logística.
Según estimaciones sectoriales recogidas por iProfesional, almacenamiento, distribución y transporte representan alrededor del 29% de los costos de una compañía láctea, convirtiéndose en el segundo componente de su estructura después de la leche.
El porcentaje no surge de una estadística oficial de toda la industria y puede variar según empresa, producto y red comercial. Pero sirve para dimensionar un problema particularmente sensible para los lácteos argentinos: producir es solamente una parte del negocio; llegar hasta la góndola también cuesta mucho.
El yogur no puede viajar como cualquier alimento
Los lácteos presentan una particularidad frente a otras categorías.
Muchos necesitan conservar una cadena de frío desde que salen de la fábrica hasta que llegan al consumidor.
El Código Alimentario Argentino establece, por ejemplo, que la leche pasteurizada envasada debe mantenerse a una temperatura no superior a 8 °C durante almacenamiento, transporte y expendio.
Para las leches fermentadas, entre ellas el yogur, la norma establece conservación y comercialización a una temperatura máxima de 10 °C.
Eso obliga a utilizar cámaras, vehículos refrigerados, equipos de frío, energía adicional, mantenimiento y controles.
Y cuanto más perecedero es el producto, menos margen existe para demorar entregas o reorganizar un recorrido.
La leche UHT juega con otra logística
No todos los productos enfrentan exactamente el mismo costo.
La leche UHT o larga vida, mientras permanece cerrada y correctamente envasada, no necesita una cadena refrigerada equivalente a la del yogur o la leche pasteurizada.
Eso permite una logística más flexible y una vida comercial considerablemente mayor.
En cambio, productos frescos y refrigerados requieren una operación mucho más ajustada en tiempos y temperaturas.
Por eso hablar de un único “costo logístico lácteo” simplifica una realidad donde transportar yogur, queso, manteca o leche larga vida puede implicar estructuras diferentes.
El problema no es solo cuánto cuesta el camión
Hay otra variable decisiva: cuánto producto lleva.
Un recorrido tiene costos que existen independientemente de que el vehículo salga lleno o con capacidad ociosa.
Combustible.
Chofer.
Mantenimiento.
Neumáticos.
Peajes.
Refrigeración cuando corresponde.
Carga y descarga.
Si esos costos se distribuyen sobre una mayor cantidad de cajas, litros o kilos, el gasto por unidad baja.
Si el camión realiza prácticamente el mismo recorrido transportando menos mercadería, ocurre lo contrario.
Ese es uno de los problemas que la fuente identifica en determinadas redes de distribución láctea argentinas.
El combustible pesa en cada kilómetro
Dentro de la logística terrestre, el combustible es uno de los componentes de mayor incidencia.
La fuente estima que en recorridos de media y larga distancia puede representar entre 33% y 38% del costo total del autotransporte.
Para una industria que mueve diariamente productos desde las principales cuencas lecheras hacia grandes centros urbanos y mercados regionales, cualquier variación de combustible repercute sobre toda la cadena.
Pero el problema no es solamente el precio del gasoil.
También entran mantenimiento, salarios, neumáticos, costos financieros, refrigeración y tiempos improductivos.
Una industria con muchos jugadores y muchas redes
La estructura empresarial agrega otra explicación.
Argentina tiene una industria láctea mucho más atomizada que la de otros grandes países productores.
OCLA calcula que las cinco principales empresas reciben apenas 36% de la producción nacional, mientras que en muchos sistemas lecheros internacionales el Top 5 supera 80%.
La mayor empresa del país procesa alrededor de 11,9% de la leche, frente a participaciones de entre 25% y 90% para el líder en algunos de los principales países lecheros.
Eso tiene ventajas competitivas: más empresas, marcas y alternativas para productores y consumidores.
Pero también puede generar duplicaciones.
Varias industrias mantienen centros de distribución, depósitos, equipos comerciales y camiones que recorren zonas similares para abastecer los mismos mercados.
¿Concentrarse sería necesariamente mejor?
No necesariamente.
Una mayor escala puede permitir distribuir costos fijos entre más litros y optimizar recorridos.
Pero una mayor concentración empresarial también puede reducir competencia por la leche o por determinados mercados.
Por eso, el dato de atomización no significa que la solución sea simplemente tener menos empresas.
El desafío pasa por ganar eficiencia logística sin perder competencia, mediante rutas mejor diseñadas, mayor ocupación de vehículos, centros de distribución más eficientes, tecnología y eventualmente esquemas de colaboración donde sean comercialmente posibles.
Los impuestos también pesan, pero cuidado con el 43%
La fuente incorpora además la presión tributaria dentro del análisis.
IARAF estimó que la carga tributaria legal contenida en el precio final de un alimento puede alcanzar alrededor de 42% en pequeños comercios y 43% en grandes superficies.
Pero esa cifra necesita una aclaración.
El ejercicio considera un alimento que tributa IVA pleno de 21% y calcula impuestos nacionales, provinciales y municipales a lo largo de una cadena tipo.
Por eso no debe presentarse como que 43% del precio de todos los lácteos son impuestos.
La situación efectiva puede cambiar según producto, tratamiento impositivo, empresa, provincia, municipio y canal comercial.
Sí sirve como referencia de que la estructura tributaria también forma parte del costo de mover y comercializar alimentos en Argentina.
Un dato llamativo: el Top 5 solo procesa 36%
La atomización adquiere aún más relevancia mientras la industria argentina entra en una etapa de fuertes movimientos empresariales.
Arcor y Danone integraron sus negocios con Mastellone, Gloria adquirió la operación argentina de Saputo, Adecoagro busca multiplicar su capacidad y activos de SanCor y ARSA siguen despertando interés.
Si esos movimientos aumentan escala, también pueden modificar la logística.
Una planta con mayor volumen puede cargar más eficientemente los vehículos, consolidar rutas o utilizar mejor depósitos y centros de distribución.
Pero el resultado dependerá de dónde estén las plantas, dónde se encuentre el mercado y qué productos se elaboren.
No todos los litros recorren los mismos kilómetros.
Más leche también exigirá más eficiencia
La discusión se vuelve todavía más relevante porque Argentina está produciendo más.
Entre enero y agosto, la producción nacional alcanzó 7.515 millones de litros, 4,5% por encima del mismo período de 2025. Las exportaciones también crecieron y absorbieron buena parte de esa oferta adicional.
Si la industria pretende seguir aumentando producción, exportaciones y consumo, necesitará también mover mayores volúmenes.
Ahí la logística deja de ser solamente un costo.
Se convierte en una restricción potencial para el crecimiento.
El costo que aparece después de la fábrica
La discusión sobre el precio de los lácteos suele concentrarse en cuánto cobra el productor, cuánto agrega la industria y cuánto paga finalmente el consumidor.
Pero entre esos puntos existe una red física que funciona todos los días.
Hay que enfriar.
Almacenar.
Cargar.
Transportar.
Descargar.
Y hacerlo dentro de plazos estrictos.
La estimación de que la logística puede explicar 29 de cada 100 pesos de costos de una empresa láctea no debe generalizarse automáticamente a toda la industria, pero pone números a un problema que muchas veces queda oculto detrás del envase.
Argentina tiene leche, capacidad industrial y posibilidades de aumentar exportaciones.
El siguiente desafío es conseguir que cada kilómetro necesario para llevar esos productos al mercado cueste menos por litro, kilo o unidad transportada.
Porque para competir no alcanza con producir eficientemente.
También hay que llegar eficientemente hasta quien compra.
Fuente principal: iProfesional, columna de Damián Di Pace. Datos de concentración y consumo contrastados con OCLA; requisitos de conservación, con el Código Alimentario Argentino; referencia tributaria, con IARAF.
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