Argentina volvió a disponer de mucha leche.
Durante 2025 produjo 11.617,6 millones de litros, 9,7% más que el año anterior. OCLA confirmó que el volumen recuperó las caídas de 2023 y 2024 y, salvo 2015, fue el más alto de su serie histórica.
Pero para una industria láctea, más litros no necesariamente significan la misma proporción de producto terminado ni de rentabilidad.
El especialista Hernán Alassia plantea que la verdadera eficiencia debe medirse por la capacidad de recuperar grasa, proteína y sólidos útiles y convertirlos en quesos, manteca, leche en polvo u otros productos con el menor nivel posible de pérdidas.
La diferencia parece técnica, pero tiene impacto directo sobre el negocio.
Una planta puede procesar más leche y, sin embargo, obtener un resultado económico peor si recibe materia prima con menor concentración de sólidos, pierde proteína en el suero, retiene humedad excesiva o genera mayores mermas durante el proceso.
El litro no cuenta toda la historia
Durante décadas, buena parte de la conversación sobre la lechería argentina estuvo dominada por una cifra: litros.
Cuánta leche produce un establecimiento.
Cuánta recibe una industria.
Cuánto procesa una planta.
Pero dos litros de leche no necesariamente aportan exactamente la misma cantidad de grasa y proteína.
Y esos componentes son los que finalmente determinan buena parte del rendimiento industrial.
De hecho, OCLA destacó que en 2025 la producción medida en sólidos útiles —grasa butirosa más proteína— aumentó 11,4%, por encima del crecimiento de 9,7% registrado en litros, debido a una mejora en los tenores composicionales.
Ese diferencial muestra por qué mirar solamente el volumen puede ocultar parte del resultado.
Un kilo de queso no siempre representa la misma eficiencia
El rendimiento tampoco debería evaluarse únicamente por el peso del producto que sale de la planta.
En quesos blandos, por ejemplo, conseguir más kilos puede parecer inicialmente una mejora.
Pero si ese rendimiento se debe simplemente a una mayor retención de agua, la ecuación puede ser engañosa.
Exceso de humedad puede aumentar riesgos microbiológicos, favorecer la sinéresis y reducir la estabilidad o vida útil del producto.
Por eso, el análisis propone trabajar con rendimientos corregidos por humedad y no solamente con kilos obtenidos.
Un mayor peso no necesariamente significa haber recuperado mejor los componentes valiosos de la leche.
Cremoso: entre 8 y 9,5 litros por kilo
Según los rangos técnicos recopilados por Alassia a partir de investigaciones nacionales e internacionales, un queso blando como el Cremoso puede requerir aproximadamente entre 8 y 9,5 litros de leche para producir un kilogramo.
Pero la conversión no es fija.
El contenido de caseína, la capacidad de coagulación y la calidad higiénico-sanitaria de la leche modifican el resultado.
Una leche con problemas de coagulación puede prolongar los tiempos de elaboración y aumentar la pérdida de partículas de proteína y otros sólidos hacia el suero.
INTA Rafaela cuenta con trabajos experimentales específicos sobre elaboración de quesos blandos tipo Cremoso y quesos duros tipo Reggianito, que justamente analizan cómo las características de la leche impactan sobre el procesamiento.
Mozzarella exige algo diferente
Para mozzarella, el rango citado se ubica aproximadamente entre 9 y 10,5 litros por kilogramo.
Pero allí la industria no busca solamente rendimiento.
Necesita funcionalidad.
La relación entre calcio y caseína y las características de la proteína condicionan el hilado, la elasticidad y la capacidad de fusión.
Una mozzarella puede tener un rendimiento aparentemente correcto y, sin embargo, no responder adecuadamente cuando se utiliza sobre una pizza o en otra elaboración.
Eso significa que la calidad industrial de la leche debe analizarse también en función del destino final.
Los quesos duros necesitan muchos más litros
A medida que disminuye la humedad del producto, aumenta naturalmente la cantidad de leche necesaria para obtener un kilogramo.
Los quesos semiduros se ubican, según los rangos recopilados en el informe, entre 9,5 y 11,5 litros por kilo.
En quesos duros y de larga maduración, como Reggianito, la relación puede subir aproximadamente a 12-17 litros de leche por kilogramo.
Ahí entran además otras variables.
Control de pH.
Relación grasa-proteína.
Pérdidas durante la elaboración.
Y especialmente la merma de cámara, porque el producto pierde humedad durante meses de maduración.
Por eso no tiene sentido comparar directamente el rendimiento de un Cremoso con el de un queso duro simplemente observando cuántos litros fueron necesarios para obtener cada kilo.
Son productos con concentraciones de sólidos y procesos completamente diferentes.
Dulce de leche: evaporar agua sin perder estabilidad
En dulce de leche, la lógica cambia otra vez.
El informe ubica la relación orientativa entre 2,2 y 2,5 litros de leche por kilogramo de producto.
En este caso, buena parte del proceso consiste en eliminar agua mediante concentración.
La estabilidad térmica y la composición de sólidos adquieren entonces un papel central.
Una materia prima que reacciona mal durante el calentamiento puede generar problemas de coagulación y afectar tanto rendimiento como calidad.
Otra vez, más litros procesados no garantizan automáticamente más producto comercializable.
Leche en polvo: los sólidos ponen el límite
El secado probablemente sea el ejemplo más claro de por qué debe prestarse atención a la composición.
Una leche con 12,5% de sólidos totales contiene 12,5 kg de materia seca cada 100 kg de leche.
El producto final es precisamente una concentración de esos sólidos después de retirar prácticamente toda el agua.
El Codex Alimentarius establece para las distintas categorías de leche en polvo un máximo de 5% de agua, por lo que el rendimiento teórico depende directamente de cuánta materia seca ingresa y cuánto logra recuperar la planta.
Por eso, el valor de 8 kg por cada 100 kg mencionado en la fuente original no debería utilizarse como una equivalencia general para leche en polvo entera.
En una planta real también existen pérdidas en evaporadores, torres de secado, ciclones y sistemas de recolección, pero el punto de partida continúa siendo el balance de sólidos.
En manteca importa recuperar la grasa
En la elaboración de manteca, el indicador central cambia nuevamente.
Allí interesa cuánto de la materia grasa disponible consigue recuperar la industria.
El tenor graso de la crema, la eficiencia de separación y el proceso de batido determinan parte importante del rendimiento.
Esto permite entender por qué una planta que recibe leche con mayor concentración de grasa puede generar un resultado industrial diferente aun procesando exactamente la misma cantidad de litros.
De pagar litros a mirar componentes
El análisis también conecta esta discusión con los sistemas de valorización de la materia prima.
En importantes lecherías internacionales, grasa y proteína ocupan un lugar central en las fórmulas de pago.
No existe un único sistema mundial ni toda la Unión Europea utiliza exactamente la misma metodología.
Pero la tendencia técnica apunta a reconocer que el valor industrial de la leche depende de qué contiene cada litro, además de su calidad sanitaria.
Para Argentina, esa discusión adquiere más importancia a medida que la producción aumenta y la industria busca vender productos de mayor valor agregado.
Un litro destinado a polvo no vale lo mismo que uno destinado a queso
La composición ideal también depende del destino industrial.
Una fábrica especializada en quesos puede valorar especialmente la caseína y determinadas características de coagulación.
Una planta de manteca necesita recuperar grasa.
Una operación de leche en polvo depende de la concentración y recuperación de sólidos.
Y una compañía multiproducto debe decidir permanentemente cómo asignar la materia prima entre diferentes líneas.
Por eso, hablar simplemente de “rendimiento por litro” tampoco alcanza.
La pregunta correcta es rendimiento para qué producto y con qué especificaciones comerciales.
Argentina tiene más materia prima disponible
La discusión aparece en un momento especialmente relevante.
Después de producir 11.617,6 millones de litros en 2025, la oferta continuó creciendo durante 2026.
Además, la producción reciente muestra señales de mayor participación de empresas grandes en la captación de leche. En el último ranking elaborado por OCLA, las industrias relevadas aumentaron su recibo 9,8%, mientras la producción nacional correspondiente al período analizado creció 6,9%.
Eso implica que las plantas no solamente tienen que pensar en cómo captar más litros.
También deben decidir cómo transformarlos.
La verdadera cuenta está en el margen por litro
Ahí aparece el último indicador propuesto por el análisis: margen por litro procesado.
Una planta puede obtener un rendimiento físico alto y aun así generar poco valor si produce un artículo de bajo precio, registra pérdidas elevadas o necesita demasiada energía y tiempo de procesamiento.
A la inversa, podría obtener menos kilos físicos pero conseguir un producto de mayor concentración de sólidos o mayor valor comercial.
Por eso, Alassia propone avanzar desde una gestión basada principalmente en litros y toneladas hacia otra que siga de cerca:
recuperación de grasa y proteína, humedad objetivo, pérdidas de proceso y margen generado por cada litro.
Más leche no alcanza
Argentina consiguió recuperar producción y volver a niveles que no veía desde hacía años.
Eso resuelve una parte de la ecuación.
La siguiente discusión ocurre dentro de la fábrica.
¿Cuánta proteína termina en el queso y cuánta se pierde en el suero?
¿Cuánta grasa se recupera?
¿Cuánto producto comercial queda después de corregir la humedad?
¿Cuánto se pierde durante la maduración?
¿Y cuánto margen económico genera finalmente cada litro?
Para una industria que quiere ganar escala y competir en mercados internacionales, procesar más ya no debería ser el único objetivo.
El verdadero salto está en conseguir que cada litro aporte la mayor cantidad posible de sólidos recuperables y que esos componentes terminen convertidos en productos que el mercado esté dispuesto a pagar.
Fuente principal: Todo Lechería, con análisis de Hernán Alassia. Producción 2025 contrastada con OCLA; referencia de composición de leche en polvo, con Codex Alimentarius.
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