En un contexto de creciente interés por la nutrición funcional, el médico gastroenterólogo Facundo Pereyra ha generado impacto al recomendar el consumo de queso como la alternativa ideal a las barras de proteína comerciales. Pereyra sostiene que un trozo de queso, especialmente en sus variedades más curadas o ralladas, ofrece una biodisponibilidad de aminoácidos y calcio que difícilmente igualan los productos industriales. Esta visión clínica revaloriza al lácteo como un alimento “real”, libre de edulcorantes y aditivos sintéticos, posicionándolo como el combustible perfecto para el rendimiento deportivo previo al entrenamiento.
Esta recomendación médica impulsa la categoría de lácteos hacia el segmento del wellness y el fitness de alta gama en 2026. La industria tiene ante sí la oportunidad de capitalizar el concepto de “etiqueta limpia” (clean label), comunicando las ventajas del queso como un suplemento proteico natural y de bajo índice glucémico. Para el sector quesero, este respaldo científico permite diversificar las ocasiones de consumo, moviendo el producto desde la tradicional picada o el uso culinario hacia el bolso del deportista, compitiendo directamente en el creciente mercado de la suplementación deportiva.
Esta tendencia encuentra un terreno fértil en los centros urbanos donde el consumo de snacks saludables está en auge. Las pymes lácteas de la cuenca central, especializadas en quesos de pasta dura y semidura, pueden encontrar un nicho de alto valor agregado mediante formatos de “snacks” de queso listos para consumir. Al vincular la producción regional con las recomendaciones de referentes de la salud digestiva, se fortalece la identidad del queso argentino no solo como un placer gastronómico, sino como un pilar fundamental de la salud metabólica y el desarrollo muscular.
Hacia el futuro, el desafío para el resto de 2026 será la innovación en empaques individuales que faciliten el transporte de porciones de queso sin perder sus propiedades organolépticas. La industria debe colaborar con profesionales de la nutrición para derribar mitos sobre las grasas lácteas, resaltando que la matriz del queso favorece una absorción sostenida de nutrientes. Si el sector logra posicionar al queso como la “barra proteica de la naturaleza”, se abrirá un nuevo horizonte de demanda que beneficiará a toda la cadena, desde el tambero hasta el consumidor final que busca eficiencia y salud en su dieta diaria.
FUENTE: El Intransigente






