La caída del consumo golpea a los lácteos tradicionales y empuja a los hogares hacia productos más baratos. La leche fluida vuelve a mostrar señales de retroceso, mientras crecen alternativas de menor precio dentro del changuito.
El mercado interno de lácteos volvió a mostrar señales de debilidad en el arranque de 2026. Según datos de la Dirección Nacional de Lechería de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, procesados por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, las ventas de productos lácteos registraron en abril una baja mensual y también cerraron el primer cuatrimestre con números negativos.
En abril de 2026, las ventas internas de lácteos fueron 4,7% inferiores a las de marzo. Medidas en litros de leche equivalente, la caída fue de 5,8%. En la comparación interanual, el retroceso fue de 1,9% en volumen de productos y de 2,9% en litros equivalentes.
El acumulado de enero a abril también refleja el freno del consumo: las ventas cayeron 1,5% en volumen y 2,1% en litros de leche equivalente frente al mismo período del año anterior.
El dato más sensible aparece en la leche fluida, uno de los productos básicos de la mesa argentina. La serie de ventas internas muestra que este segmento viene perdiendo terreno en los últimos años, en un contexto donde el consumidor ajusta cada vez más sus decisiones de compra por precio.
La explicación no está solamente dentro de la cadena láctea. El contexto general de consumo también muestra señales de deterioro. De acuerdo con la Encuesta de Supermercados del INDEC, en marzo de 2026 las ventas totales a precios constantes cayeron 5,1% interanual y acumularon una baja de 3,1% en el primer trimestre. Es decir, no se trata de un fenómeno aislado de la leche, sino de un consumo masivo más restringido.
A esto se suma la presión de otros gastos del hogar. En abril, el Índice de Precios al Consumidor registró una suba mensual de 2,6%, pero los precios regulados avanzaron 4,7%, impulsados por transporte y electricidad. Aunque alimentos y bebidas no alcohólicas tuvieron una variación menor, de 1,5%, el bolsillo familiar llega más exigido a la góndola.
En ese escenario, los hogares buscan reemplazos, achican cantidades o migran hacia productos de menor precio. OCLA advierte que crecieron alternativas que sustituyen parte del consumo de lácteos tradicionales, como rayados, bebidas con lácteos, margarinas y otros similares. No necesariamente se trata de un cambio cultural profundo, sino de una respuesta económica: cuando el ingreso no alcanza, el consumidor prioriza precio.
También aparece otro fenómeno difícil de medir: las ventas informales. En contextos de deterioro del poder adquisitivo, una parte del consumo puede desplazarse hacia canales que no quedan registrados por las estadísticas oficiales, lo que complica aún más la lectura completa del mercado.
Dentro del panorama general, los quesos aparecen como la excepción. Fue el único rubro con subas interanuales tanto en abril como en el acumulado del año. Sin embargo, esa recuperación también estuvo asociada a promociones, ventas al peso y mayor presencia de productos más masivos, como cremoso, barra y duros frescos, por encima de especialidades de mayor valor.
La foto del primer cuatrimestre deja una señal clara para la industria: el problema no es solo cuánto se consume, sino qué tipo de productos logra sostener el consumidor argentino. La leche fluida pierde espacio, los lácteos tradicionales sienten el ajuste y los sustitutos más baratos ganan terreno en una góndola dominada por el precio.
Fuente: La Política OnLine
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