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1 Nov 2026
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En Jaca, España, Mari Carmen Lapuente convirtió su pasión por los quesos en un negocio con cientos de variedades y un restaurante. Su propuesta gastronómica recibió un reconocimiento nacional en Madrid.
De una pequeña tienda a la mejor tabla de quesos de España

Lo que comenzó como una pequeña tienda de apenas 15 metros cuadrados terminó convirtiéndose en un establecimiento con cerca de 400 variedades de quesos de distintos países y un restaurante especializado. Detrás de esa transformación está Mari Carmen Lapuente, propietaria de la Quesería Aladina, en Jaca, España, cuya propuesta obtuvo en julio de 2026 un reconocimiento nacional por su tabla de quesos.

El premio, concedido durante la feria Charcutexpo de Madrid, distinguió su elaboración como la mejor tabla de quesos para charcutería de España.

La historia muestra cómo la especialización, la conservación adecuada y la experiencia gastronómica pueden abrir nuevas oportunidades comerciales para los productos lácteos artesanales.

Una pasión que se convirtió en negocio

Antes de dedicarse al queso, Mari Carmen trabajaba en el comercio familiar de frutas.

Su interés por la elaboración artesanal creció después de conocer la historia de Raúl Valbuena, fundador de Granja Cantagrullas, quien había abandonado su trabajo en Naciones Unidas para producir quesos en un pueblo de Valladolid.

Aquella experiencia la impulsó a estudiar y conocer un sector en el que no tenía formación profesional.

Comenzó a aprender a través de libros, encuentros con queseros, productores y especialistas en maduración.

Hace aproximadamente catorce años abrió su primera tienda en Jaca.

El establecimiento tenía apenas 15 metros cuadrados, por lo que el espacio disponible para exhibir productos y recibir clientes era muy reducido.

Con el tiempo, el negocio creció y surgió la necesidad de encontrar un local que permitiera conservar mejor las distintas variedades.

Una cava con 400 quesos de todo el mundo

La nueva Quesería Aladina abrió hace dos años en otro establecimiento de la misma calle.

Su principal característica es una gran cava climatizada donde los quesos se mantienen a temperaturas de entre 9 y 11 °C, con humedad controlada.

Las piezas descansan sobre estanterías de madera y se organizan según su país, región de origen y tipo de leche utilizada.

La oferta reúne aproximadamente 400 referencias, aunque la cantidad y las variedades cambian según la temporada y la disponibilidad de los productores.

Entre los productos se encuentran quesos de España, Francia, Irlanda, Alemania, Escocia, Grecia y Estados Unidos.

La propuesta permite conocer elaboraciones tradicionales y otras menos habituales, como determinados quesos azules estadounidenses o variedades artesanales de leche de oveja.

Para Lapuente, la conservación es una parte fundamental del negocio, ya que permite mantener las características de los productos y acompañar su evolución hasta el momento de la venta.

El restaurante que nació para acompañar la quesería

La incorporación de un restaurante respondió inicialmente a una necesidad comercial.

Jaca es una ciudad vinculada con el turismo, por lo que la afluencia de visitantes varía durante el año.

Mantener cientos de variedades de queso requiere una planificación cuidadosa de las ventas y de la rotación de los productos.

Por eso, Mari Carmen decidió abrir un espacio gastronómico junto a la tienda.

La propuesta comenzó con tablas de quesos, raclette y fondue, pero posteriormente incorporó otras preparaciones.

Actualmente, la quesería y el restaurante funcionan como espacios independientes, aunque mantienen una conexión visual mediante un cerramiento de cristal.

La combinación permite que los visitantes conozcan los productos, los prueben en distintas preparaciones y puedan comprarlos para llevar.

¿Cómo se prepara una tabla de quesos premiada?

El reconocimiento obtenido durante Charcutexpo puso en primer plano uno de los aspectos que distingue a Aladina: la selección y presentación de los quesos.

Según explicó Lapuente a El País, la propuesta premiada se diseñó para que los sabores avanzaran progresivamente.

La degustación comienza con variedades suaves y continúa hacia otras de mayor intensidad.

La selección también busca representar diferentes técnicas de elaboración y productores.

Otro elemento importante es la elección de los acompañamientos.

Mari Carmen prefiere utilizar frutas frescas, como manzanas, uvas o frutillas, que aportan contraste sin ocultar los sabores del queso.

También recomienda moderar el uso de panes, frutos secos y otros ingredientes que puedan competir con los aromas de las distintas variedades.

Para la especialista, la clave está en que cada queso conserve su protagonismo durante la degustación.

Una vidriera para pequeños productores artesanales

Más allá de las ventas, la quesería cumple una función importante en la comercialización de productos de pequeña escala.

Muchas de las variedades disponibles provienen de establecimientos artesanales que tienen dificultades para llegar a mercados más amplios.

Las tiendas especializadas permiten acercar esas elaboraciones a nuevos consumidores y contar la historia de quienes las producen.

Lapuente considera que conocer el origen de cada queso forma parte de la experiencia de compra.

La propietaria también destaca el creciente interés de consumidores que viajan expresamente para visitar queserías y descubrir productos diferentes.

En algunos casos, los clientes recorren cientos de kilómetros para comprar quesos o comer en el restaurante.

La especialización como oportunidad comercial

La experiencia de Quesería Aladina muestra que el mercado del queso artesanal puede desarrollarse más allá de la venta tradicional.

La selección de productos, la conservación especializada, la atención personalizada y la gastronomía forman parte de una misma propuesta comercial.

La tienda pasó de un pequeño local a reunir cerca de 400 referencias y convertirse en un destino para consumidores interesados en quesos de diferentes orígenes.

El reconocimiento obtenido en Charcutexpo refuerza esa identidad y demuestra el valor que puede alcanzar una propuesta construida alrededor del conocimiento del producto.

Para los pequeños productores, experiencias como esta representan una oportunidad de llegar a consumidores que buscan calidad, diversidad y una historia detrás de cada queso.

Fuente: El País

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