El concepto beef on dairy empieza a ganar espacio dentro de la discusión sobre cómo mejorar los ingresos de los establecimientos lecheros argentinos.
En INTA Rafaela ya se trabaja con una experiencia concreta de cruzamientos terminales entre vacas lecheras y genética carnicera, con el objetivo de transformar animales que tradicionalmente tenían menor valor dentro del sistema en una salida comercial más atractiva.
Después de las inseminaciones realizadas durante 2026, el equipo espera contar con las primeras 30 cruzas terminales en marzo de 2027.
La propuesta no busca reemplazar la genética lechera.
Busca utilizarla de manera más selectiva.
Primero hay que asegurar la reposición
El sistema parte de una condición básica: conocer cuántas hembras necesita realmente el establecimiento para reemplazar las vacas que salen del rodeo.
El médico veterinario Nicolás Welschen explicó que la mejora en los índices de crianza permitió abrir esa posibilidad en INTA Rafaela.
Según detalló, la mortalidad anualizada de hembras se encuentra por debajo del 1%, mientras la eficiencia reproductiva y el uso de semen sexado en determinadas categorías permiten asegurar el número de vaquillonas necesarias para reposición.
Cuando esa necesidad está cubierta, ya no resulta imprescindible utilizar semen lechero sobre todo el rodeo.
Ahí aparece el beef on dairy.
Semen sexado para las mejores, carne para el resto
La estrategia consiste en reservar semen sexado lechero para los animales de mayor mérito genético.
El objetivo es que las futuras vaquillonas de reposición provengan de las vacas y vaquillonas con mejores características para el sistema.
Sobre otros animales, en cambio, puede utilizarse semen de razas carniceras en cruzamientos terminales.
En la experiencia de INTA Rafaela se menciona Aberdeen Angus entre las alternativas.
El resultado esperado son terneros con una mayor aptitud para producción de carne que un macho lechero puro, sin comprometer la generación de hembras necesarias para mantener el rodeo.
El beef on dairy obliga a conocer mejor el rodeo
Welschen destacó que la herramienta también funciona como un método de ordenamiento reproductivo.
No alcanza con comenzar a inseminar vacas con semen carnicero.
Antes es necesario conocer la tasa de descarte, eficiencia de preñez, mortalidad de terneras, cantidad de vaquillonas disponibles y necesidades futuras de reposición.
Si se cruza demasiada cantidad de vacas con genética carnicera, el establecimiento podría generar un déficit de hembras lecheras más adelante.
Si se produce un exceso de reposición, en cambio, se destinan recursos a criar animales que quizá no sean necesarios.
Por eso, el beef on dairy depende de una planificación fina del rodeo.
Más valor para un animal que antes tenía otro destino
Uno de los principales atractivos del sistema está en el valor del ternero.
En los sistemas lecheros tradicionales, el macho de raza especializada puede tener un valor comercial relativamente bajo frente a un animal con mayor aptitud carnicera.
El cruzamiento busca modificar esa ecuación.
Una cría proveniente de una vaca lechera y un toro carnicero puede presentar características de crecimiento y conformación más atractivas para sistemas de recría y terminación.
Eso permite agregar una fuente adicional de ingresos sin cambiar el objetivo principal del establecimiento, que sigue siendo producir leche.
El mercado de la carne mejora el atractivo
La estrategia cobra mayor interés en un escenario donde los precios de la hacienda ofrecen una alternativa económica más atractiva.
Pero la decisión no debería depender únicamente del valor actual de la carne.
También deben considerarse el costo del semen, tasas de concepción, facilidad de parto, peso al nacimiento, crecimiento posterior y valor efectivamente pagado por los terneros cruzados.
Por eso, INTA busca generar información propia antes de recomendar el sistema de manera más amplia.
El proyecto medirá conversión y calidad de canal
Uno de los objetivos de la experiencia es producir datos sobre dos variables centrales: eficiencia de conversión y calidad de canal.
Esos resultados permitirán saber si el mayor valor esperado del ternero se sostiene también durante las etapas posteriores de producción.
No todos los cruzamientos ofrecen necesariamente el mismo resultado.
La raza utilizada, el mérito genético del toro, la genética de la madre, el sistema de alimentación y el manejo durante la recría pueden modificar fuertemente la performance final.
Las primeras 30 crías serán, por eso, el comienzo de una evaluación y no el resultado definitivo del proyecto.
Más flexibilidad sin cambiar el establecimiento
Otra de las ventajas señaladas por el equipo técnico es que el sistema puede incorporarse sin modificar la estructura básica del tambo.
El establecimiento continúa produciendo leche.
Continúa generando sus propias vaquillonas.
La diferencia está en cómo distribuye las inseminaciones.
Cuando necesita más reposición, puede aumentar el uso de genética lechera.
Cuando tiene suficientes hembras y el mercado de carne ofrece mejores oportunidades, puede ampliar los cruzamientos terminales.
Esa flexibilidad es parte del atractivo del modelo.
No todos los rodeos están en condiciones de implementarlo igual
La experiencia también deja una advertencia.
Un establecimiento con altos niveles de mortalidad de terneras, baja tasa de preñez o problemas para generar suficientes vaquillonas no dispone del mismo margen que uno con buenos indicadores reproductivos.
El beef on dairy funciona mejor cuando el productor sabe con bastante precisión cuántas hembras necesita producir y de qué animales quiere obtenerlas.
Por eso, más que una receta universal, es una herramienta que depende de la situación de cada rodeo.
De producir una ternera a diseñar dos negocios
La lógica detrás del sistema representa además un cambio en la forma de mirar la reproducción.
Tradicionalmente, gran parte de las inseminaciones buscaban mantener el flujo de animales lecheros.
Con semen sexado y mejores índices reproductivos, el establecimiento puede separar dos objetivos.
Por un lado, generar las futuras vacas lecheras a partir de los mejores animales.
Por otro, producir terneros con mayor potencial carnicero sobre aquellas vacas que no necesita utilizar para reposición.
Así, una misma estructura productiva puede sostener dos fuentes de valor: leche y carne.
Marzo de 2027 será la primera prueba
La experiencia de INTA Rafaela todavía se encuentra en una etapa inicial.
Las primeras 30 cruzas terminales están previstas para marzo del próximo año.
Después vendrá la etapa de medir crecimiento, conversión, comportamiento productivo y calidad de canal.
Recién con esos resultados podrá evaluarse cuánto valor adicional genera el beef on dairy bajo las condiciones del sistema experimental.
Por ahora, la señal es clara.
Una mejor crianza, más eficiencia reproductiva y el uso selectivo de semen sexado están permitiendo que el productor deje de pensar todas sus vacas exclusivamente como generadoras de reposición.
Y ahí aparece una nueva posibilidad: usar parte del rodeo lechero para producir también animales con mayor valor para carne.
Fuente: Radio Rafaela, con información del establecimiento experimental de INTA Rafaela y declaraciones del médico veterinario Nicolás Welschen.
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